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Publicado originalmente el 6 de agosto de 2011:

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¿Qué es lo que están protegiendo cuando se prohíbe de antemano una marcha, y se avanza proactivamente sobre los estudiantes en la calle? ¿Se protege a Chile?

Quizá en el panorama general se escuchaba mejor y formaba parte de una gran cacofonía de tonos metálicos, pero la cacerola de mi mujer sonaba muy agudo y distintiva, haciendo retumbar mi oído…fue complicado, pero contribuimos con el ruido. Qué pequeñísimo sacrificio.

Reconozco: Quizá tomé con desconfianza los primeros pasos de estas movilizaciones estudiantiles, pero ahora realmente espero que no se detengan los estudiantes hasta que el Gobierno comience a trabajar realmente.

Chile es un país relativamente tranquilo, sí, pero hay muchas cosas que sencillamente no andan bien. Hoy, hay miles que están ansiosos por decirlo. Hay que decirlo. No es normal que prácticamente la totalidad del espectro político cuente con menos del 30% de aprobación, a la vez que con una positiva desaprobación sobre el 60%. No seré de los que pidan “que se vayan todos”, pero sí que se pongan los pantalones, dejen de subestimar a la gente y se hagan cargo. 

Las miles de personas que apoyan los movimientos actuales no representan directamente TODO Chile, es cierto eso y sencillo de ver, sin necesidad de recurrir a técnicas estadísticas. Pero lo que se resiste a entender el Gobierno es que en Chile hay serias quejas, serias falencias, hay motivación suficiente como para marchar y hacer ruido durante mucho tiempo, y éstos son los modos de hacerse escuchar para personas que no tienen otros modos de hacerlo. 

El nuevo Ministro Vocero Andrés Chadwick pareció por un minuto entenderlo: Las marchas dan sentido de urgencia a la causa, la ponen en la agenda estatal. Sí. Pero luego pasa a hacer eco de los dichos del Ministro del Interior, quien prohíbe una marcha, como una herramienta para “proteger a Chile”.

¿Saben qué? Chile está también ahí afuera, en la calle, enojado, frustrado, desesperado, intentando por cualquier medio hacerse escuchar, diciendo: “no nos van a ver la cara esta vez”.

Yo no marché, ninguna de las veces. De hecho, evité las marchas para poder llegar sano y salvo, y en poco tiempo, de vuelta del trabajo. Evité marchas en Santiago, evité marchas en Punta Arenas.

Pero cuando he escuchado los “anuncios” del Gobierno en materia de educación, he visto los cambios de gabinete, he visto la propuesta hecha este lunes por el Mineduc, me dio vergüenza y me dieron ganas de marchar, para explicarles en una imagen de 1000 palabras: “Esto no es suficiente”.

Se ha acusado al movimiento estudiantil de estar ideologizado. Es interesante este punto, ya que como ocurre frecuentemente, las palabras significan distintas cosas para personas en distintas situaciones. Desde los fundamentos conceptuales de un Gobierno como el actual, “ideologizado” significa, por ejemplo, que una movilización está cargada de demandas (políticas) que exceden sus alcances directos. Que los estudiantes hagan un llamado a modificar la Constitución, que exijan plebiscito, etc., excede lo que son legítima y puramente las materias sobre las cuales podrían protestar los estudiantes, ¿no? Significa que están influidos por consignas comunistoides, cooptados por líderes políticos.

Un Gobierno que ve las cosas así intenta responder al movimiento estudiantil con lo que es “puramente” materia estudiantil, es decir, propone organismos que aseguren calidad, propone dinero para que más estudiantes puedan pagar la universidad. ¡Estudiantes patudos, saliéndose de lo que es puramente estudiantil! ¿Cómo no entienden que estamos proponiendo maneras de “hacer las cosas bien”? ¡De eso se trata, que la educación es mala!

Lo demás, es “politizado”, ideologizado

Sin embargo, si revisamos otro uso de la palabra ideología, un uso que -¡en detrimento de su reputación!- es comúnmente utilizado por movimientos de izquierda, veremos que ideologizado refiere a la situación en la que bajo un manto de igualdad se maquilla, disimula, y esconde la desigualdad de base en la sociedad. O, dicho de otro modo, cuando se des-politiza lo que ES político en primer lugar.

Es por estos problemas semánticos que el Gobierno actual es capaz de interpretar los movimientos como “desorden”, como “incapacidad de dialogar”, como “intransigencia”. O calificar a quienes rompen el inmobiliario público de “lumpen”, o mi favorita “antisociales”.

Se desafía a la autoridad, sí. Se marcha sin autorización. Sí. Porque el “orden público y la vida en paz” NO OCURRE para muchas personas hoy. ¿Qué es lo que están protegiendo cuando se prohíbe de antemano una marcha, y se avanza proactivamente (con guanacos, tanques, y esas bombas asquerosas) sobre los estudiantes en la calle? ¿Se protege a Chile?

Permítanme una analogía: Hace un tiempo iba andando en mi moto, y en un “casi encontrón” en la calle con un auto, entendí súbitamente este punto. Cuestión que un auto se pasó -aunque tímidamente- un “ceda el paso”, y por suerte alcancé a anticipar que lo haría y frené para evitar el choque. Sin embargo fue peligrosa la situación, y él se dio cuenta. Cuando lo encontré en la luz roja le expliqué esto no muy amablemente. Me dijo “¿para qué tan amargado?”, pero lo que él no entendió nunca es que si él se pasa el ceda el paso y chocamos, para él puede ser un mal rato, un abollón en el auto, etc. Para mí se puede terminar todo ahí, por la posición vulnerable en la que estoy, naturalmente. (Una pista: ¡las motos usan al piloto como parachoques!).

Ahí está la analogía: La vulnerabilidad. Quienes estamos mejor, quizá un poquito mejor, a veces tenemos dificultad para comprender por qué tanta marcha, tanto ruido. Por qué tanta “intransigencia”.

¡Porque se trata de la VIDA de las personas! Se trata de estar endeudado durante décadas por una carrera que no te asegura empleo, contactos, dinero, desarrollo (¡capaz ni la terminaste!). Se trata de no saber casi nada, no poder dar una PSU decente, no poder ni soñar con lograr pagar la mensualidad para un colegio decente, para ti, para tus hijos, y tus hijos para sus nietos. Se trata de la VIDA de las personas.

Sociológicamente, la vulnerabilidad es un tema importante. Todos lo sabemos. Y especialmente en Chile, me atrevo a decir. El contacto, el “pituto”, el tener “donde caerse muerto”…intentamos desesperadamente aferrarnos a un mundo al cual parecemos no pertenecer. Un mundo que nos dice constantemente: “No perteneces”. Andrés Chadwick dice ayer (4/8/2011): “Los estudiantes no son dueños de Chile”. Ya lo creo… ¿sencillamente hay dueños y no dueños, entonces? 

Personalmente, en lo filosófico, prefiero la libertad y responsabilidad personal al cobijo paternal de un Estado. Sinceramente. Pero en Chile tenemos una extraña mezcla en la que faltan ambas cosas. O más bien, vivimos una especie de libertad y responsabilidad desvalida, ya que difícilmente contamos con los medios para ejercerla, a la vez que eso nos hace recaer en el Estado, exigirle al Estado que nos resuelva algunos problemas. Pero el Estado no lo logra. 

Es un tema complicado. Pero es un tema que hay que abordar responsablemente, haciendo la pega, tomándose en serio las serias demandas que existen hoy. Las marchas son voz, son parte de un diálogo, quizá no del modo que nos gustaría, pero son diálogo, dicen mucho y de manera bastante elocuente. ¡Hay que conversar, entonces!

Educación: De ollas y cucharas de palo

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