Home

La siguiente nota fue publicada originalmente en el suplemento “En el sofá” de El Magallanes/La Prensa Austral, Punta Arenas, 16 de octubre de 2011.

——————————-

El descanso social

Por más que resulte a algunos tentador, creo que es algo excesivo e incorrecto el argumento acerca de la innecesidad de trabajar, del trabajo en sí, como concepto  humano central. Sin embargo, no hay necesidad siquiera de defenderlo porque todos parecemos confiar en su importancia, aunque no tengamos siempre claro de qué se trata realmente.

En cambio, lo que está falto de defensas, y tiene en nuestra sociedad un lugar particularmente inexistente, es la figura del descanso social. El descanso personal tiene poco espacio, aunque comienza a ser algo reconocido especialmente en círculos sociales en los que es valorado por sus sub-productos y donde es, en definitiva, posible. Me refiero a las horas de sueño ideales, al tener hobbies y tiempo libre,  o a aquel ocio de los ricos que proviene de la innecesidad de trabajar. Las revistas de salud y nutrición comienzan a hacer más transparente este importante espacio, aunque todavía esté circunscrito a estratos sociales donde es permitido y más o menos bien visto. La gente “esforzada” o “trabajadora” -adjetivos asociados también con la gente “humilde”- no se anda tomando descansos. La cosa es que no puede, en realidad.

Pero más críptico y más valioso que todo esto es el descanso social. En Google no encontré nada… El semiólogo francés Roland Barthes buscaba entre las famosas obras de autores de toda índole y procedencia referencias a la existencia y característica de este espacio, pero según recuerdo tampoco le fue muy bien. Me refiero al descanso de la gente, de las relaciones, de la “realidad”, del “mundo”, como cuando uno pide “paren el mundo, que me quiero bajar”, ¿no?

Lo que en todo el mundo no estamos aún listos para tolerar, y menos ahora con la hiperconexión de la que somos partícipes, es el desconectarse un rato, el tener permiso para simplemente no responder, el experimentar y honrar lo que Barthes llamaría “fatiga social”.

A veces, la vida nos sorprende y nos presenta hechos y experiencias que desbordan nuestra capacidad de respuesta, y más aun nuestra capacidad de síntesis y racionalización. Suele ocurrir esto con las experiencias “extremas”, como los nacimientos y las muertes. A algunos les ocurre con el cumpleaños, y les dan ganas de quedarse tranquilo en la casa y que nadie en el mundo se entere y lo llame para felicitarlo. El punto es que todos tenemos en algún momento necesidad de escondernos del mundo y que luego nos den la oportunidad de volver, a nuestro ritmo, y que no haya problema. Y el descanso nos cambia, nos prepara mejor.

Quizá esta es una manera de explicarme, de justificar personalmente mi no-comportamiento en estos últimos días. Nació mi vida, mi corazón, mi hijo, y hoy solo quiero estar con él. A él no quiero solo cuidarlo, criarlo, educarlo, quiero conocerlo. Cuando miro en sus ojos, las cosas que ocurren lejos de ellos no tienen importancia. Mi hijo vino quizá con más sorpresas que la sorpresa habitual de encontrarse con un descendiente directo recién nacido, y me desconectó del mundo, me desbordó y no me sentí preparado para ser-en-el-mundo. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s