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La siguiente nota fue publicada originalmente en el suplemento “En el sofá” de El Magallanes/La Prensa Austral, Punta Arenas, 11 de diciembre de 2011. Día en que Ignacio cumplió 2 meses!

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Para dar más que dinero

Escribo esto para el domingo 11, y no para el domingo 4; para que llegue “tarde” al lector. La idea es tener una discusión acerca del tema “discapacidad”, fuera de la Teletón.

Primero decir que, a pesar de las múltiples posibles objeciones sobre la forma y el fondo de la Teletón, esta cumple una función invaluable en nuestro país, y –lo he visto personalmente- lo hace a un nivel generalmente espectacular. Somos un país que debe sentirse orgulloso de contar con instituciones con semejante alcance y calidad, que otorgan a las personas con “discapacidad” y a sus familias un importantísimo recurso en contra de la vulnerabilidad social y económica que estas condición muchas veces ocasiona. Sin embargo, si bien contamos con esto, y la Teletón es capaz de reunir cifras inimaginables para invertir en ello en cada oportunidad, como país estamos en pañales en términos de integración social y comprensión de las personas con “discapacidad”.

Lo pongo en comillas, porque desafío a cualquiera a ofrecerme una buena razón para pensar que una persona –dado un entorno familiar amoroso, un contexto social integrador e inclusivo, oportunidades de desarrollar sus habilidades, el derecho a educarse junto a sus pares, etc.- que tenga cualquier tipo de “discapacidad”, pueda ser realmente considerado dis-capacitado para realizarse como ser humano pleno, para amar, crecer y aportar a los demás.

Ah! Pero ahí está el problema…entre guiones se encuentra una excelente razón para argumentar sobre su discapacidad. Entre guiones se encuentran no él o ella, sino su país, su familia, sus vecinos, sus pares, los colegios y universidades, las empresas y el Estado. Llamamos discapacitado a todo quien sufre por las consecuencias de nuestras propias discapacidades. Los recursos, infraestructura, profesionales y equipos son necesarios para la rehabilitación y habilitación de una persona con cualquier grado de discapacidad, pero no son suficientes. No podemos olvidar, mientras no estén pasando la Teletón por la tele, que los “capacitados” somos quienes más tenemos que aprender. Aprender sobre inclusión, integración, comprensión y apoyo.

Hay algunos que tenemos la suerte de tener buenas oportunidades para aprender de esto de primera mano, y a medida que aprendemos nos volvemos realmente “capacitados”, y ya dejan de existir “discapacidades” alrededor nuestro.

Mi hijo tiene síndrome de Down, una condición según la cual sencillamente yo tengo menos cromosomas que él. Tan solo espero que otras personas que no tienen la suerte de tener tantos cromosomas puedan comprender que él tendrá la capacidad de aprender, crecer, madurar, meter la pata, portarse bien o mal, amar y odiar, jugar y trabajar. ¿Cuál será la discapacidad de mi hijo bajo estas condiciones tan sencillas? Absolutamente ninguna.

Pero no vivimos solos, todos tenemos que dar algo, algo que todos tenemos, que es más que dinero.

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