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La siguiente nota fue publicada originalmente en el suplemento “En el sofá” de El Magallanes/La Prensa Austral, Punta Arenas, 18 de diciembre de 2011. 

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Lo familiar y lo total

A veces miro “Quién quiere ser Millonario”, y además de sorprenderme porque alguien no sepa que en boca cerrada no entran MOSCAS, o que el padre de Luke Skywalker es Darth Vader (¡por dios!), me llama mucho la atención un fenómeno muy recurrente entre quienes contestan: cuando alguien no tiene idea alguna de la respuesta a una de las preguntas, generalmente elige la opción que “le suena”. A veces, le suena por todas las razones incorrectas, por ejemplo al elegir “Cristóbal Colón” entre otros tres nombres que nunca ha escuchado, mientras le preguntan quién fundó la Iglesia Protestante. Pero todos hacemos esto; lo que es ya conocido para nosotros parece tener un peso que va más allá de lo razonable frente a lo que conocemos menos o no hemos visto antes.

Dicen que tan solo utilizamos un 10% de la capacidad de nuestro cerebro. Si bien ya es comprobado que eso es más un juego de palabras que una realidad, el sentido básico es válido; nuestros sentidos son capaces de captar y nuestro cerebro de procesar infinitas veces más información de la que consideramos o traemos a la mano en cada momento. Nuestros propios cerebros se acostumbran a obviar muchísima información de nuestro entorno en favor de adecuar nuestras percepciones a aquello que ya conocemos. Está comprobado, por ejemplo, que lo que nosotros “vemos” a nuestro alrededor tiene tanto de reconstrucción mental con el uso de la memoria y de lo que esperamos ver ahí, que con lo que realmente está “allá afuera”. Ejemplo muy básico: apenas decidí comprar un auto Samsung, de pronto miles de ellos salieron a las calles… ¿dónde estaban antes?

Es tan poderoso este fenómeno que los expertos en marketing han comprendido la enorme importancia del desarrollo de marca. Las personas preferirán comprar aquello que les es familiar, lo que “les suena”, muchísimo antes que otra opción que podría ser comparativamente mejor para el caso. La publicidad de marcas “grandes” casi no vende productos, simplemente hace un recordatorio de la marca, ¿se han fijado?

En cuanto a nuestras percepciones y entendimiento de la vida, resulta más relevante todavía. He leído que un adulto promedio tiene más o menos la MITAD de conexiones neuronales que un niño de 5 o 6 años. Esto se puede explicar por la generación de “adicciones” de carácter biológico que generamos en nuestra vida cotidiana, al preferir siempre lo mismo, al hacer siempre lo mismo, a rutinizar todo. Cristalizamos algunas conexiones “preferidas” y nos volvemos expertos en una o dos cosas y legos en todas las demás, incluidas conductas negativas, como enojarse excesivamente cuando algo nos sale mal, o necesitar de café para estar despierto. A nivel cerebral no hay demasiada diferencia entre esta respuesta “emocional” y esa necesidad “biológica” de cafeína.

Por supuesto, lo hemos dicho antes, “filtrar” información es necesario para poder funcionar y no vernos paralizados, sin embargo quedarse pegado en esta disposición nos impide a veces aprender nuevas cosas, conocer a nuevas personas, comprender lo que es diferente a lo que ya conocemos, y juzgar situaciones de manera más inteligente, para tomar las decisiones óptimas.

 

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