Home

La siguiente nota fue publicada originalmente en el suplemento “En el sofá” de El Magallanes/La Prensa Austral, Punta Arenas, 25 de diciembre de 2011. FELIZ NAVIDAD!!

———————————————————————-

El mundo desde mis ojos

En el desarrollo de la persona hay una fase bastante temprana –a los meses de vida- en la que comienza a reconocerse como un ente distinto a otros y a los objetos que le rodean. Por razones que no es necesario explicar, este logro es muy importante. Con el paso del tiempo y a través de diversos procesos de socialización e individualización, desde tener un nombre y estar registrado con un número de rol único, hasta atravesar las distintas etapas del individualizante proceso escolar, tomar decisiones sobre el devenir de su propia vida y desarrollar gustos y preferencias personales y específicas, esta persona se va convirtiendo en un individuo.

El individuo per se es una idea esencialmente moderna, puesto que en etapas históricas anteriores las personas ni siquiera decidían mucho con quién juntarse, a qué grupos pertenecer, o qué hacer de su vida. La persona más bien pertenecía a determinada casta social inmodificable, llevaba una vida orientada de forma comunitaria, y su futuro parecía relativamente escrito desde la cuna. Sus acciones, si bien individuales, no puede decirse que eran plenamente propias de un individuo, en el estricto sentido del término.

Hoy, en cambio, nos sobran los mecanismos de construcción de individualidad, pero parece que más que nunca nuestros problemas personales giran en torno a la idea de identidad. El mundo post-moderno, con la globalización de la comunicación y las operaciones económicas y la aumentada precariedad de la vida laboral, han llevado a un ambiente de extrema incertidumbre personal, hiper-especificación de gustos y preferencias, acceso a ilimitadas corrientes de pensamiento, modas y estilos. En definitiva, nuestra época se caracteriza por crisis del mercado financiero, tribus urbanas, y una tremenda sensación de que todo lo podemos y todo lo merecemos, pero poco es lo que conseguimos.

No quiero dar la impresión de que todo esto es malo, pero sí nos toca vivir en una profunda paradoja: somos más que nunca individuos, pero individuos confusos y confundidos, inmersos en redes sociales que se desvanecen en el aire, inciertos de nuestro futuro y nuestras reales posibilidades de realización. Nuestro ego, nuestro motor de auto-importancia, es alimentado constantemente por los medios de comunicación, a la vez que destruido por las condiciones en las que vivimos.

Surgen necesidades de unirse a otros, por lo que proliferan grupos sociales de alta especificidad y resurgen o se inventan religiones. Sin embargo, en esta unión con otros, en esta búsqueda de in-clusión y apoyo, las cosas derivan muchas veces en mayor diferenciación de un grupo con respecto a “los otros”, de mayor ex-clusión, de mayor soledad e incertidumbre.

El mundo desde mis ojos, múltiple y diverso, tan inagotable como carente, nuevo como viejo, lleno de “gente” sin nombres, rostros, sueños ni esperanzas; lleno de extraños. Ignoro lo más básico y esencial: que mi miedo e incertidumbre, pero también mi potencia y singularidad, son los de cada uno.

Y realmente, no estamos tan solos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s