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La siguiente nota fue publicada originalmente en el suplemento “En el sofá” de El Magallanes/La Prensa Austral, Punta Arenas, 31 de diciembre de 2011. FELIZ AÑO NUEVO!!!!

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Vuelvo, e imagino que suena en el fondo una altiva orquesta folclórica con melodías del tipo “Vuelvo” de Patricio Manns. Imagino la melodía, lleno de fuerza y ánimo de respirar y sentir los pulmones helarse. Pero la letra sería para mí distinta, pues vuelvo con un ánimo más curioso que sospechante, con un leve temblor de pena y de timidez. Mi voz no habla aún con propiedad, pues no sé bien qué me espera, en mi tierra llena de esperanzas y recuerdos de una niñez que parece ahora algo lejana.

No he dormido más de 30 días seguidos en Punta Arenas desde hace ya 18 años. Y en esta vuelta tanto ha cambiado. La ciudad está tan grande, y vengo con dos santiaguinos, con promesas y esperanzas guardadas en nuestras maletas, con deseos y sueños para ellos dos.

Siempre quise volver, pero siempre pospuse las ganas. Y ahora, cuando el momento pinta propicio y auspicioso, espero no ver decepcionado este vuelo.

Sobrevolamos el estrecho y veo entre nubes bajas una ciudad iluminada. Se ve tan pequeña, tan reducida en comparación con la gran capital, tan fría pero al mismo tiempo tan acogedora. Aterrizamos y pienso en lo que hemos dejado; pero no lo hemos dejado atrás. Ya me ha tocado emprender vuelo antes, lejos, y sigue tan cierto como cuando lo inventé improvisadamente este pensamiento: “no nos alejamos, no ponemos distancia entre nosotros, tan solo agrandamos nuestro territorio, preparamos nuevas tierras para recibir viejos corazones.”

Pero todo cambio es un trastorno, y cuando lo esperamos se idealiza incluso esa sensación, la de remover los cimientos de nuestra existencia, la de tomar el lápiz que escribe nuestra historia. Pero sin soñar, sin idealizar, sin volar, ¿quiénes somos?

Tratamos de prepararnos, de planificar y asegurar, y queremos seguridad. Pero al tomar este avión, con flautas, cunas y bolsos, suena tan cierto como siempre he creído, el trillado poema de Machado:

Caminante, son tus huellas

el camino, y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

Vuelvo. ¿A dónde vuelvo? A donde quiera que esté el amor yo vuelvo. Y me traigo a mis amores en mis brazos, gracias por confiar en mí: donde quiera que esté con ustedes sera mi Hogar.

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