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Opinionismo

“¡Mójate el potito!” es una frase muy conocida para nosotros. Por supuesto, se trata –generalmente- no de una invitación a bañarse, sino de un llamado a asumir una posición con respecto a “x” tema o discusión. Digamos, es algo socialmente valorado el tener una posición clara, ser “derecho”, o “de una línea”, a la vez que ser “frontal”, “decir las cosas por su nombre”, en definitiva, expresar cuál es la visión que se tiene sobre el tema. En resumidas cuentas, nos gusta que la gente tenga y emita su opinión. Ese es nuestro modelo de individuo cuando exigimos que alguien se moje el potito.

Quizá, como tantos mandatos e imperativos sociales, nuestra insistencia tiene que ver realmente con la percepción culposa de una falta. Y no sería raro, porque también nos es conocido el “cahuín” y el “pelambre”. De hecho, entre que nos molesta y admiramos a nuestros vecinos argentinos, descritos frecuentemente como buenos para decir las cosas de frente, en lugar de recurrir a estas pusilánimes conductas comunicativas.

Pero mi argumento es que estamos enfocando mal el problema. Estoy de acuerdo en que nos vendría bien a todos una buena cuota de honestidad y sinceridad, teniendo la capacidad de “hablar nuestra mente”, como dirían tan concisamente los gringos, y hacerlo de manera respetuosa. Pero no estoy de acuerdo con que cualquier expresión de la propia opinión es igual de válida o siquiera necesaria, principalmente porque no siempre tenemos bien armada nuestra opinión –y nada de malo hay en eso en sí. Yo creo que deberíamos cambiar la frase “mójate el potito” con un simple “infórmate y hazte cargo de tus dichos”. Qué “fome”, pero el problema es que nos estamos llenando de opinólogos mal informados, pero lo que es peor, de opinionados mal informados.

El opinionado, basado en el neologismo inglés “opinionated”, describe al sujeto que parece tener una opinión sobre TODO, y peor, tiene sus opiniones ultra ultra claras. Este sujeto es producto de nuestro llamado excesivo a “mojarse el potito”, y termina siendo sinónimo de “obstinado”, pero un obstinado que “sabe de todo”.

Creo que es muy importante estar atento e informado, que con respecto a temas contingentes en general, y ético-políticos en particular uno se informe y reflexione. Pero si todavía no tiene sus opiniones tan claras, no tiene eso nada de malo y es perfectamente normal si uno todavía siente que no conoce el tema suficientemente bien y no ha estudiado sus distintos aspectos. En ese sentido, tampoco tiene nada de malo hablar lo que uno piensa y decir “aun no tengo clara mi postura frente a eso”. ¡Lo mismo con respecto a cambiar de opinión cuando se ha aprendido más y se ve que la postura anterior era incompleta o incorrecta! “Cambia, todo cambia” dice la canción, pero aceptamos que cambia todo menos la opinión.

¿Qué opina sobre: el matrimonio homosexual, la instalación de HidroAysen, las Islas Malvinas, el aborto terapéutico, por qué se desbordó el río de Las Minas, etc.?

A veces es mejor quedarse pensando que hablar sin pensar, porque lo que decimos es nuestra responsabilidad.

Esta nota fue publicada originalmente en el suplemento “En el sofá” de El Magallanes/La Prensa Austral, Punta Arenas, 01 de abril de 2012.

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