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Hace 5 años, hace exactamente 5 años, tú y yo nos enamoramos. 

A diferencia de otras parejas, no tenemos idea de qué día empezamos a pololear, ni qué día nos conocimos -aunque hay algunas especulaciones-, recordamos más o menos nuestra primera “cita”, en la que fuimos a ver una de las peores películas de nuestras vidas…pero lo que sí recordamos bien es el día en que nos empezamos a amar.

¿Recuerdas lo difícil que fue? Ese día justamente yo me iba de vuelta a Buenos Aires, y te dejaba en Santiago una vez más, después de haber pasado semana santa contigo. La memoria ya es difusa acerca de la magnitud de la pena, pero me he obligado a recordar que era mucha, sentado en una sala de espera para embarcar al avión, enviándote mensajitos…

Me he tenido que obligar porque hoy, 5 años después de ese día, nos han pasado tantas cosas, amor, tantas cosas buenas que las penas y los dolores, las dificultades y todo ese tiempo que tuvimos que aguantar separados, se hacen chiquititos. Hoy, cuando nuestro hijo ya tiene casi 6 meses -ese hijo precioso, ese hijo perfecto, que te mira con tanto amor que le encuentro cara mía, a pesar de que se parece tanto a ti este gordito-, nuestras vidas ya no conocen dolor o penas por separado.

Así somos nosotros, desde que nos conocimos: pegados. Alguna gente no lo entiende, y algunos pensaron que era cosa del comienzo de una relación, de esa fase en la que uno parece adicto a la otra persona….pero, o yo soy un adicto crónico, o sencillamente somos así. (Uf, qué Arjonezca esa frase..)

Éramos tan jóvenes. Son solo 5 años los que han pasado, pero tanto ha pasado en esos 5 años. Ahora somos viejos, porque somos “los viejos” de alguien, de nuestro Ignacio. Pero tu sonrisa, tu genial humor (¡¡¡negro!!!), tus bailes, me recuerdan que en el fondo siempre somos niños. 

Tengo el privilegio de sentir que te conozco como pocas personas te conocen. Mi situación no es TAN extraordinaria, porque te pasa mucho que te das poco a conocer; pero ¿sabes? Eso es algo que he aprendido a encontrar muy valioso. Tú me enseñaste que uno puede tener amor para todo el mundo, pero que uno solo ama de verdad a muy pocas personas, y hace una diferencia. El amor lo han entendido algunos como intimidad, como complicidad, justamente, porque tiene mucho de esto: de que me entregas a MÍ algo especial de ti y no sencillamente tu “manera de ser”.

No hay nada en el mundo que me guste más que verte junto al Ignacio, regaloneando, durmiendo o dándole su primera “papita” en la mañana temprano cuando me voy a trabajar. No sabes lo lindos que se ven, lo linda que te ves. Cada día te pones más linda, Solcito.

Ahora nos vinimos a Punta Arenas, a esta tierra extraña y hermosa cerca del final del mundo, y acá estamos cumpliendo nuestro quinto aniversario de amarnos. Y este aniversario lo cumplimos siendo ahora tres chanchonitos. De más está decir que es el mejor de todos.

Te confieso algo: Me encanta nuestra vida, esta vida que es nuestra. Jamás me imaginé cosas tan buenas para mí como las que vivo junto a ustedes.

Gracias mi amor, por darme lo mejor de la vida cada día.

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