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Como la gente

A principios de esta semana la USS pidió la renuncia del decano de Arquitectura, el señor Boza, según las noticias que leí por “cuestionar capacidad intelectual de sus alumnos”. Pero no fue eso lo que ocurrió. No fue un cuestionamiento de sus alumnos según sus capacidades intelectuales, sino un cuestionamiento de sus orígenes, más específicamente sus habitus, sus disposiciones y hábitos culturales y estéticos, en este caso. Porque lo que el ex decano alegó fue que se equivocó en plantear –luego de viajar por los viejos continentes- un plan de estudios demasiado “sofisticado” para estos jóvenes que son en gran medida primera generación de su familia en estudiar (jóvenes de origen C2-C3).

Más allá del desatino individual del arquitecto, podemos ver en esto un problema más general, muy arraigado en Chile, de ridículo etnocentrismo y clasismo. El hecho de que estos jóvenes provengan de hogares C2, C3 o lo que sea no les predispone una incapacidad de comprender y aprender, y tampoco supone una falta –ni una necesaria sobra- de talento. A lo que sí les predispone es a “no tener mundo”, eso que las personas muchas veces mencionan como algo que uno pudiera elegir obtener o no obtener, por el solo hecho de quererlo.

Civilización y barbarie, la expresión “bárbaro” tiene su origen en una incomprensión etnocentrista según la cual estos afuerinos, extraños e inferiores para la cultura griega, parecían balbucear en vez de hablar “como la gente”. Lo que diferenciaba a los bárbaros de los ciudadanos griegos no era su composición genética, sino su habitus, son sus disposiciones, socialmente construidas, que los hacen diferentes, porque nacían, crecían, vivían en un mundo diferente, con otras categorías.

Y hoy, ahora con este vergonzoso episodio de “los rubios son bonitos y los morenos son fomes”, porque es un reflejo de esa misma huevada, ¿cómo no comprender de una vez por todas el problema general de nuestro sistema educativo? Ese problema que se origina en la segregación escolar, en el hecho de que cualquiera con un par de lucas de frente, y encima incentivado por una reforma tributaria que le ofrece devoluciones por ese gasto, aleja a sus hijos lo más que pueda de la educación pública. Y no sin razón, porque ahí van a caer los que sobran, los bárbaros, ese eternizado “otro” que vive en la falta de sofisticación, sin jamás tener “mundo”, ese que da risa si se tiñe el pelo, tiene televisión por satélite, zapatillas caras o le pone un nombre extranjero a su hija.

Boza no entendió a sus alumnos, tanto como ellos no lo entendieron a él, porque vienen de mundos distintos, y qué irónico, porque estos jóvenes y sus familias están haciendo un esfuerzo enorme para poder algún día vivir en el mundo de los que pueden hacerle empeño a ser sofisticados, como Boza, como yo mismo. Porque no solo el que puede pagar el colegio privado y la prestigiosa universidad tradicional quiere esas cosas para su gente, también las quiere el “otro”. Estamos todos persiguiendo el mismo conejo, perro.

Estoy de acuerdo con Waissbluth en que estamos construyendo día tras día un verdadero apartheid basado en nuestro sistema educativo, y eso solo puede hacernos daño, profundizando nuestros ya vergonzosos records mundiales de desigualdad social, económica y cultural.

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Texto publicado el domingo 20 de mayo de 2012, en El Magallanes/La Prensa Austral.

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