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No tan distintos

Calculo que ninguno de nosotros realmente es tan distinto hoy de cómo era cuando niño, excepto en las formas. El tiempo es tan ilusorio para el individuo…pero al mismo tiempo le sirve de justificación para establecer diferencias arbitrarias bastante importantes.

Seamos honestos; como adultos, como “figuras de autoridad”, padres, tutores, modelos de comportamiento en general, no tenemos mucha idea de lo que estamos haciendo. Pero el problema no es ése en sí, sino que camuflamos esta natural incertidumbre con una potestad auto-asignada para decidir todo por los niños. No solo no los respetamos en general, sino que ponemos por delante de sus necesidades nuestras más deformadas pautas de comportamiento y versiones de La Verdad.

Los hábitos alimenticios, los horarios de dormir, el colegio, el trabajo, la vestimenta y hasta el uso de zapatos. A diario estamos metiendo la pata profundamente, por cada niño al que se le “endereza” en estos ámbitos. Y la pata bien metida, porque se convertirán ellos en adultos y seguirán transmitiendo nuestros errores. Nos olvidamos de cosas bien básicas, que –ojo- ni siquiera atentarían contra nuestras preciadas costumbres sociales, como por ejemplo que los niños saben de manera natural exactamente qué, cuánto y cuándo comer; cuánto y cuándo dormir para tener más energía y mejor disposición (para aprender, por ejemplo). Los niños detestan la ropa de adulto porque es incómoda, prefieren andar descalzos, porque los zapatos deforman nuestros pies, etc.

Como padre primerizo me toca conocer un novedoso –para mí- aspecto de nuestra falta de respeto con los niños, especialmente como padre de un niño con síndrome de Down. Mi hijo ha recibido desde sus primeros días estimulación temprana, sencillamente porque las personas con síndrome de Down requieren de algunos apoyos especiales para desarrollar sus capacidades al máximo. Uno de estos ámbitos es el físico, donde debido a su bajo tono muscular –característico de esta condición- el Ignacio entrena todos los días casi tanto como un deportista semi-profesional. Esto, entenderán, supone en sí mismo una buena cuota de estrés para un niño que hoy cumple recién nueve meses, por lo que todo el ejercicio es hecho como juego. Nos divertimos él, su mamá y yo.

A veces él anda de mal humor o está cansado, y cuesta mucho ejercitar; entonces, hay que parar un rato, dar una vuelta. Pero para muchos terapeutas, esto son “mañas”, él es “un regalón”, y se pierde mucho tiempo de trabajo haciendo esto. En cambio, para los terapeutas buenos, hace falta un buen regaloneo, para que él sepa que es escuchado, para que se sienta en plena confianza, y para que le ayudemos a levantar su humor. Todos tenemos momentos malos, pero algunos adultos pretenden que los niños no los tengan, y que cualquier tipo de comprensión de este hecho tan esencial es “malcriarlo”. Escucharlo, parar de obligarlo a hacer abdominales y giros hasta que no generemos una buena relación con él sería como mucho…

En sesiones de fisioterapia siempre hay algún niño que llora. Pero es interesante ver qué hacen los adultos a su alrededor cuando esto ocurre. Verás a los buenos terapeutas, con quienes el niño casi nunca llora, pero si lo hace, se anima a la mamá o el papá a estar cerca de él, para que sepa que está en confianza, que no está solo (¿sabías que un niño de 9 meses recién está entrando a enterarse de que constituye una entidad separada de su madre?), y se toma una pausa; ninguna terapia es tan importante que pueda pisotear el desarrollo emocional del individuo. Pero verás también a los malos terapeutas, que no solo no cambian nada de lo que estaban haciendo, sino que se burlan de la única y hasta ahora exclusiva forma de comunicación del niño (una pista: implica lágrimas), con frases del tipo “mientras más llores, más terapia, eh!”, “ah, ¿pero si no es un mamón?”.

Mírenlo al terapeuta, abusando de su posición de autoridad. Se trata de un cobarde que ni logra imaginar su irresponsabilidad; como adulto tienes la oportunidad de activamente, y en todo ámbito, no imitarlo. Por favor.

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Texto publicado el domingo 15 de julio en El Magallanes/La Prensa Austral.

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