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Algunas líneas

Fuentes: para el caso del Producto Interno Bruto per cápita chileno ajustado por Paridad de Poder Adquisitivo en dólares internacionales, mi fuente es el Banco Mundial, y para las cifras de pobreza y desigualdad mi fuente es la encuesta CASEN del Ministerio de Desarrollo Social.

Una advertencia metodológica antes de seguir: el objetivo de esta ilustración es comparar tendencias, por lo que para simplificar el asunto el gráfico de la derecha concentra dos tipos de medida distintos. Para la pobreza (línea inferior doble) se trata de %, porque indica incidencia de pobreza total en Chile; mientras que para los índices 10/10 hablamos de “veces”. En el caso de la línea superior, intermitente, se trata de cuántas veces el ingreso autónomo del 10% más pobre del país cabía en el ingreso del 10% más rico. La línea común del medio indica el mismo parámetro pero para el ingreso monetario, es decir, para el ingreso que considera los aportes del Estado.

Pues bien, en Chile tenemos un problema geométrico donde básicamente, nuestras líneas de tendencia muestran que mientras la economía crece a pasos agigantados en los últimos 20 años, no solo los niveles de pobreza –que están desde ya subvalorados por una línea de pobreza cuestionada- disminuyen con menor intensidad de lo que la economía crece, sino que si nos fijamos en el tramo 2006-2011, donde la curva de crecimiento del PIB per cápita PPA se hace más empinada, la pobreza total aumenta. Esto es enteramente preocupante, porque lo que las curvas en general hacen por mostrar que nuestros niveles de “chorreo” son insuficientes, en este tramo toma incluso una tendencia negativa. Crecimos más intensamente (+33.7%), pero aumentamos nuestra pobreza (+5%).

Pero la pobreza no lo dice todo. Tema más interesante aun es hablar de desigualdad, porque ahí es donde podemos comenzar a preguntarnos si los chilenos tenemos las oportunidades para, lisa y llanamente, poder modificar nuestro destino y mejorar nuestra calidad de vida en el tiempo. Movilidad social, si usted quiere.

Y aquí tenemos dos curvas que dicen mucho. Por desgracia, nuevamente no dicen lo que quisiéramos escuchar. A través de los aportes del Estado, con una creciente focalización de recursos en la población más pobre, se ha efectivamente reducido la desigualdad en estos últimos 21 años medidos. A pesar del mal momento que se vivió en la primera mitad de la década del ’90 en este sentido, donde se aprecia que la curva del índice 10/10 de ingreso monetario (la llenita del medio) se fue un poco para arriba, la desigualdad ha disminuido y estamos efectivamente en el punto más bajo en nuestra historia registrada. También, al analizar el “tramo crítico” 2006-2011, la desigualdad ha disminuido en este parámetro. Pero cabe la pregunta, ¿lo ha hecho en una medida considerable?

La respuesta a esa pregunta es por supuesto política y ética, pero la dejo pendiente para ocuparme de su línea compañera, el parámetro 10/10 para el ingreso autónomo (línea intermitente). Y esta línea me preocupa a mí muchísimo más: permanece siempre más alta que la del ingreso monetario, cosa que es del todo natural a menos que los hogares no recibieran insumo alguno del Estado, pero me preocupan dos cosas: a) su tendencia general ascendente –es imposible llamar al cambio entre 2009 y 2011 una “tendencia” todavía; habrá que ver eso con más mediciones-, que aumenta en un 38,8% en los 21 años en los que el PIB p/p PPA aumentó en casi 350%, y b) que es siempre bastante más alta que la del 10/10 del ingreso monetario –en promedio un 28% más alta, aunque en el 2011 es 57,5% más alta. Esta diferencia es grave, porque el medio predilecto de movilidad social en Chile es el acceso a capital social a través de la asistencia a un colegio donde el alumno se “mezcle” con la alcurnia (triste realidad chilena), y la educación superior. Dos cosas que cuestan mucho dinero aquí. Entonces, todo aquel ingreso per cápita imputado por concepto de subsidios termina no siendo mucho más que un padre cobrándole a su hijo la vivienda, vestimenta y comida que le ha brindado durante su niñez. Cosas necesarias, desde luego, pero que no brindan movilidad social por sí mismas.

Necesitamos reducir la pobreza, claro, pero sobre todo aumentando capacidad de generación de ingreso autónomo. La meta continúa presente, y tan fuerte como siempre.

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Texto publicado el domingo 5 de agosto en “El Magallanes”/La Prensa Austral, bajo el título ¡Espero que se aprecien bien los gráficos! jajaja

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