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¡Otra decepción olímpica!

…es la odiosa frase que escuché y leí en las noticias, tantas veces, estos últimos días. Cada vez que un miembro de la delegación olímpica chilena quedaba descalificado o no lograba una medalla, la frasecita.

Ya es común en el fútbol escuchar el espontáneo cambio de conjugación, con el “ganamos” y el “perdieron”, pero al menos en el fútbol –seamos francos- existe cierto respaldo nacional al deporte. De alguna manera, no solo hay esperanzas puestas en el desempeño del equipo, no solo hay gente camiseteada en frente del televisor, celebrando o llorando en plazas importantes de la capital, sino que también hay seguimiento y fanatismo histórico. Hay todo un trasfondo, de conocer el deporte y sus reglas de juego, conocer a los jugadores y sus trayectorias profesionales (y hasta personales), y hay un enorme mercado que gira en torno a los auspiciadores y  la cobertura del deporte por parte de los medios de comunicación. El fútbol es “el deporte popular” no por mera etiqueta, por lo que justa o injustamente, algo hay del “ganamos” cuando la “selección chilena” (sin apellido necesario) mete más goles que su rival.

Pero en la gimnasia, en el rally, el motocross, el enduro, el handball, el tiro al arco, el levantamiento de pesas, lanzamiento de bala, etc. difícilmente podemos hablar de una representación de Chile. Porque se trata de individuos –o equipos- continuamente ignorados y ninguneados en los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas, y peor aún, en muchos casos ni siquiera atendidos por las instituciones nacionales que los tendrían que proteger. Ser deportista en este país, lo he dicho antes, es una carrera absolutamente ingrata. Una persona comentaba, a propósito de Londres 2012, “cuando veo los impresionantes deportistas en las olimpiadas me quedo preguntando ‘¿qué he hecho con mi vida?’”. Puede ser, pero apuesto a que cuando un miembro de la delegación olímpica chilena ve la frase que titula este comentario piensa exactamente lo mismo, y en su caso es bastante más grave el sentimiento.

Pero el problema no es sencillamente de públicos y seguidores, de popularidad o rareza. El problema con el deporte es más estructural que eso, y tiene que ver con escasas políticas de desarrollo del deporte. Y más aun, tenemos en Chile un grave problema cultural, que emana de esta falencia: resulta que, incluso en el fútbol, vivimos del talento.

Ponemos todos nuestros huevos en un solo canasto, y el más frágil de todos, el más impredecible, inusual y difícil de conseguir: el talento. Se nota en nuestro modo absolutamente individualizado de referirnos a los deportistas, en cómo los ensalzamos e idolatramos, y especulamos sobre las razones de diversa índole que dieron lugar a un sujeto tan sobrehumano, y en cómo no escuchamos ni damos cabida, hasta que no aparezca dicho talento en la arena. De los 20 minutos de la tanda deportiva en las noticias, 19:30 son para hablar de nuestros “niños maravilla” en el fútbol extranjero.

Y el talento es importante, desde luego, pero el hecho de que crezca en suelos tan áridos como los que tenemos roza la inverosimilitud. Lo de Tomás González, por ejemplo, me resulta casi inexplicable. El talento es importante, pero necesita de una estructura que permita encontrarlo y hacerlo crecer. Porque el talento se hace menos raro cuando somos capaces de buscarlo en todas partes y darle apoyo.

En el motociclismo internacional de velocidad está teniendo lugar una situación sin precedentes desde la década del ’70, que es el triste ocaso de los campeones norteamericanos. Los pocos pilotos que quedan ya no ganan, y están al borde del retiro. ¿Y entonces qué? Al mismo tiempo, de España, entre las filas de los campeonatos juveniles surgen sin parar grandes campeones, hombres que serán el futuro del deporte por muchos años más.

España ha preparado consciente y deliberadamente un estructura para propiciar esto, mientras que Estados Unidos no. Solo han recaído en grandes e inusuales talentos.

Sin embargo, nuestra situación es infinitamente peor, porque ni siquiera nos hacemos la pregunta: “¿y entonces qué?”.

Rodrigo Concha, quien nos “representaba” en el campeonato de velocidad de España en categoría moto2, el semillero por excelencia para el MotoGP, se tuvo que retirar por falta de financiamiento.

-“¿Rodrigo Concha?; nunca había escuchado ese nombre”.

No, pues, justamente.

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