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La moto

A los 22 años recién obtuve mi licencia para conducir autos, pero la “clase C” la tuve varios años antes. Sencillamente, para mí andar en moto es otra cosa. Nunca olvidaré la primera vez que anduve en la calle; llevaba ya años de enduro y motocross, pero un día me reuní con un amigo en Santiago y él apareció en una pequeña Dax que usaba para ir al trabajo. En aquellas pequeñas ilegalidades que son casi requisito para eventualmente tener los papeles al día, acepté darle una vuelta a la manzana. Pero perdí la cuenta de las manzanas. Nunca había sentido algo así. Transitar por aquella ciudad que solo conocía como peatón, como usuario de transporte público, como pasajero de cómodo vehículo techado, en ese pequeño aparato que apenas estás en movimiento parece desaparecer debajo de ti (porque si no te fundes con la moto simplemente te caes)…se creó para mí una adicción. No, una necesidad para toda la vida.

Y otros imprudentes que, a pesar del clima y de cuántos objetos o personas necesitan trasladar, optan por andar en moto apenas es climatológicamente posible, me imagino me entenderán. Y para aquellos que, con desprecio, incomprensión, admiración, indiferencia, o lisa y llana envidia miran desde fuera a estas personas, déjenme entrar en algunos mitos que existen con respecto a esta actividad:

Son adictos a la adrenalina. La adrenalina es aquella imprescindible hormona que cuando estás aplastado debajo de dos motos, en pleno cerro, con varias costillas y un brazo quebrados, te permite desafiar toda lógica y ley de la física, para poder levantar las motos a un lado y salir del embrollo (pregúntenle a mi viejo). Necesaria, pero hay que ser medio masoquista para ser adicto a esto. Hablemos mejor de dopamina. Ella es la responsable de ese adictivo “gustito” que proviene de tomar riesgos y salir ileso. Pero salvando la imprudencia y gusto por el riesgo que son básicos para todo ser humano que prefiere andar en un vehículo donde él es la carrocería, déjenme decirles que pienso que quienes andan en moto son en general personas más prudentes y precavidas que el promedio. Es muy sencillo, el cuerpo humano no fue diseñado para trasladarse a más de unos 30 km/h. Esto por razones relacionadas a la resistencia de los materiales, pero también por razones aerodinámicas; no es raro que sea raro ver a un pez con hombros. Cualquiera que haya vencido esta barrera de velocidad en moto lo entiende de inmediato; sobre todo pasaditos los 70km/h, ya nos volvemos un punto de resistencia para mayor velocidad, y es por esto que las “motos de velocidad” han sido diseñadas muy a pesar del hombre, más bien con miras a esconderlo. Pero más aun, el mero hecho de movilizarse en moto es peligroso, y muchas cosas pueden salir mal, y metidos en el tráfico nos parece que la mayoría de los conductores parecen desearlo. Esto convierte al motorista en un sujeto anticipador, precavido, casi paranoico. El motorista serio se viste con una auténtica armadura cada vez que se sube a la moto, muy a pesar de la opinión de sus contemporáneos. Es muy sencillo: para vivir más riesgo, hay que controlarlo y recibirlo en pequeñas dosis.

Andar en moto no es un deporte. Con esta mentira tuve que pelear durante mi época escolar, cuando llegaba al colegio “molido” luego de un domingo de enduro y mis compañeros no podían creer que fuera por “pasear en moto”. Para ser honesto, mis abdominales de acero –no obstante cubiertos por materiales menos fotogénicos, culpa de un ávido paladar- se los debo al motociclismo.

Son seres individualistas. Falso. No conozco otra actividad, aunque debe haberlas, donde todos sus miembros, sin siquiera saberse tales ni conocerse, por el solo hecho de verse en la calle subidos en una moto se hagan un gesto de saludo. Suena superfluo, pero ni los ajedrecistas manifiestan tal camaradería. Más aun, quien ha andado en moto el suficiente tiempo como para que su máquina le falle, se ha curtido en la desesperanza que significa quedarse varado, y rara vez permitirá que otro –en moto o no- pase por eso.

¿Andar en moto te hace mejor persona? No sé si tanto, pero para mí, mejor ser una persona que anda en moto.

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Artículo originalmente publicado en El Magallanes/La Prensa Austral, domingo 7 de octubre.

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