Home

Ok, he estado escuchando sobre este plan Reforestemos Patagonia. Es más, me entero de que algunos cercanos ya han plantado su arbolito. 

De verdad lo encuentro bueno.

Pero como lo más bueno es mejor que lo bueno, les propongo una pequeña alternativa:

Verán, mi casa queda en la Patagonia. Sea según la cartografía antigua o la actual; plena Patagonia chilena. 

Tenemos un patio absolutamente sin uso. No hay nada en el patio, excepto un pliegue de nylon que llegó volando de una casa contigua -supongo-; pedazo de transparente material que no hace sino recordarnos sobre la nada misma que hay en el patio. De hecho, no es de flojo que lo he dejado estar ahí, sino para recordarme acerca de este punto. Es una desolación ese patio; a eso quiero llegar.

Es más, tal como podría uno argumentar que “es mejor haber amado y perdido, que no haber amado jamás” -frase con la que podemos fácilmente estar de acuerdo-, podría uno decir que “es más feliz aquel predio, cuyo frondoso bosque dejó de estar, que aquel terreno que no tuvo nunca sino nylon”.

Pero mi argumento no termina ahí. Acá en la pega no tengo los datos precisos, pero la lógica me otorga la confianza de pensar que el efecto “pulmón” que realizan los árboles respecto a la realidad del creciente urbanismo y contaminación de nuestros territorios, es tanto más notorio, como importante y urgente, en medio de la ciudad. Así, yo propondría plantar árboles en medio de Punta Arenas, antes que en los vastos campos magallánicos. Pero, no obstante mi patio no está precisamente en medio de Punta Arenas, es todavía un territorio que se encuentra bajo mi jurisdicción…así que pueden plantar acá. 

Habiendo cruzado lo emocional y lo ambiental, entraré ahora en el terreno de lo social. La calidad de un ser humano puede medirse, en gran parte, por su forma de tratar a las demás especies animales. Muéstrame un hombre que maltrata un animal, y yo te señalaré a un mentecato. Sin embargo, en razón de nuestra filogenética, no debe descuidarse el apremio de los problemas que nos aquejan a nosotros mismos como especie. Plante usted un árbol en medio de los vastos campos magallánicos, y sienta el regocijo de ponerse del lado de la naturaleza, pero plante usted un árbol en mi patio, y asegúrole que su felicidad llegará cada mañana, al saber que alimenta a una o dos familias nucleares, al menos en cuanto a frutos cítricos se trata. 

Así es. Haga su donación y yo planto un árbol. Hasta le pongo nombre y lo riego personalmente; y para más remate, disfruto de sus frutos. A ver si la Patagonia anónima como hermosa, le puede prometer algo así.  

Gracias.

/sarcasmo =)
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s