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Me puse entero’e hippie, loco

Hoy en día es difícil alimentarse. Es caro, escaso y pocas personas realmente pueden gozar de ello. Sale más barato comer porquerías que alimentarse correctamente. Es una de esas ironías de la vida moderna… para vivir una vida “simple” hay que atravesar muchas complicaciones.

Pero mi tema hoy es la alimentación. Me gusta que desde el gobierno se anime a los consumidores a leer las etiquetas nutricionales de los productos que consumen; es un paso. Pero me gustaría que se anime también a leer las listas de ingredientes…pero ahí es donde nos metemos en problemas. De modo de asegurar la disponibilidad de alimentos en todo el país, a precios que resulten rentables para los productores e intermediarios, en cantidades y tiempos que se ajusten a una vida moderna en donde no tenemos un segundo para complicarnos por pensar si la fruta es de estación o no (quiero comer naranjas, ¡AHORA!), con productos fáciles de transportar y almacenar en enormes cantidades, asegurando su tiempo de venta antes de que perezca…hemos perdido completamente todo norte en cuanto a la alimentación. Porque, lo queramos o no, para comer de esta forma, nos estamos metiendo en el cuerpo sustancias que o son sabidamente dañinas, o cuyo daño no ha sido comprobado aún.

No es un tema sencillo. Algunos especulan que si no fuera por los transgénicos y conservantes, sería sencillamente imposible alimentar a todo el mundo, con la creciente población mundial y decreciente superficie de plantación.

El problema es que la “solución” al problema ha generado enormes mafias del mercado de semillas para los alimentos básicos plantables, obesidad de un lado del mundo y desnutrición del otro, y una serie de graves –y peligrosamente populares- enfermedades provocadas por nuestra pésima alimentación.

Por ejemplo, en casa renunciamos a los carbohidratos refinados. Pero –algunos de ustedes sabrán- lo complicado y/o caro que resulta encontrar: azúcar, fideos y harina integral, huevos de gallina –¡de verdad!-, frutos secos, frutas y verduras frescas y sabrosas, etc.  Y, ¿qué estamos buscando? Sencillamente comer cosas un poquito más “como son”…

Sin embargo, y este es el gran sin embargo de esta columna, en Magallanes tenemos una oportunidad privilegiada de cambiar esto en gran medida: Cultivemos. Tenemos más espacio, vivimos en una zona remota, podemos ponernos las pilas y generar redes de producción y consumo de alimentos que reduzcan nuestros costos domésticos en alimentos, mejorando nuestra calidad de vida y el sabor de los alimentos, y dependiendo menos de cuándo llegan los productos del norte, y a qué precio. Me gustaría ver que se pongan de moda los cultivos de auto-consumo, que se conozca y popularicen los productos orgánicos, producidos por y para magallánicos, que logremos armar mercados más éticos, más sanos.

“Este columnista de día domingo se volvió loco, se fue de la sociología, se pasó al hipismo”. No, señor, así como a la medicina moderna se le dice “medicina tradicional”, así como la cesárea se prefiere al parto natural por ser “más sencilla”, así como a los bebés se les da leche de vaca industrialmente producida en lugar de la leche de su propia especie porque esta última “ya no le alimenta”, la manera en que comemos y compramos hoy está bastante al revés; no es “como la gente”, es cosa de locos. Ya nos olvidamos cómo saben los alimentos frescos, y la vida es muy corta para seguir comiendo mierda sin sabor, y se hace más corta si seguimos haciendo esto. Cambiémoslo.

Foto: Andrés Harambour / andresharambour@gmail.com

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