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Borislav el descriteriado

Borislav se acerca a sus 80 años. Vive en Vicuña, como alguna vez lo hizo Gabriela Mistral, y se cobija del inclemente sol de marzo con uno de esos gorritos-parasol que solo se atreven a usar los gringos. De origen croata, tan blanco como si se hubiera quedado en su Porvenir natal, no está para andar escatimando en formas de taparse del astro rey.

Vende empanadas. No las hace más ricas porque no sabe cómo, dice él. Pero, a través de una charla de al menos unos 30 minutos, logramos comprarle seis empandas, y solo a mí me gustó la mía. Igual, a mitad de conversación pasa a confesar que en realidad las prepara su señora, quien es además “lo único que no ha cambiado en mi vida”. Así que, no sé qué decir sobre las empanadas de Borislav, la verdad.

Vivió en Porvenir y en Punta Arenas, pero después de quebrar su negocio se fue con su hijo a Ecuador. Falta un pedazo de historia para entender cómo llegó a Vicuña, pero juntos nos alegramos, sin sorprendernos, de encontrarnos dos magallánicos en ese caluroso pueblo. No nos sorprendimos, porque…siempre hay algún magallánico metido en cada lugar. No somos ni dos ejemplos demasiado simpáticos.

Borislav tiene un aire a Ricardo Lagos. Un rostro de largos y profundísimos pliegues, de esos que sin foto en mano es imposible imaginar cómo fueron en su juventud. Es una cara de viejo bien particular. Pronto, me entero de que el semblante no es lo único similar; Borislav también se interesa por la política. Por supuesto, comienza a encumbrar discursos sobre sus ideas y proyectos…

Comienza contándome sobre cómo este país está arruinado, y de que le escribió una carta personal al presidente Piñera, sin obtener hasta ahora respuesta alguna. Reconozco una inmediata reacción de desgano con este comienzo. En una de esas me esperaban unos 20 minutos de “las cosas ya no son como antes”. Pero muy al contrario, Borislav demuestra una agudeza en su análisis político que no viene garantizada con los años. Tiene las ideas claras, y hasta tiene varias propuestas que, llegando a ejecutarse, no dudaría personalmente en respaldarlas y felicitarlas.

Intentará contactarse con los distintos candidatos a la presidencia, porque tiene la idea de ser un asesor “tras bambalinas”. Una especie de filósofo consejero de las caras visibles de la política. No le importa mucho quién sea, solo quiere que sus ideas, sus programas, sus planes, lleguen a manos de alguien que pueda levantar la voz por ellas. Acaso hemos perdido por completo los chilenos ese pragmatismo de la política… 

Me entrega la última empanada, cuidadosamente envuelta en una servilleta, y me confiesa que cuando escriba su autobiografía la titulará “Borislav, el descriteriado”. Pero el subtítulo solo viene por sus historias pasadas, ya que desde hace algunos años comenzó a reflexionar, me explica. Decidió informarse sobre todo tipo de cosas que el ser humano da enteramente por sentado, llegando a saber qué es precisamente lo que mide un Watt, o un “caballo de fuerza”. También, me aconseja que en la vida “hay que ser un poco erótico”. 

Yo creo que Borislav tiene razón. 

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Texto originalmente publicado el domingo 24 de marzo de 2013, en El Magallanes/La Prensa Austral.

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