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Un problema gaseoso

Ya queda poco. Bueno, no tan poco, pero hay que ir conversando ya sobre las próximas elecciones; en una de esas esto puede animar algunos debates interesantes…quizá no logre mucho, pero ya hay que ir animándolos.

Entonces, al preguntarse el ciudadano magallánico por la oferta política, no puede faltar la pregunta por el tema del gas. Básicamente: ¿Se la jugarán los parlamentarios por la lucha por el precio del gas en la región?

Todos sabemos, cifras más o menos precisas de por medio, que el gas es actualmente vital para la región. Todos sabemos, también, que a nadie le viene bien un aumento en sus cuentas mensuales, menos aun para un elemento tan importante, del cual depende en una enorme parte de los casos la calefacción del hogar. De más está decir que en Magallanes la calefacción es todo menos un bien opcional, o de lujo.

Entonces, al hablar de gas, los magallánicos inflamos el pecho y apelamos a nuestro derecho inalienable a contar con “nuestro” gas en la región, y la discusión aterriza siempre en el tema del precio. Si nos suben el precio del gas, nos matan. Y ya vimos lo que sucedió aquí a principios del 2011.

Sin embargo, esta demanda, si bien legítima y fundada, no deja de ser incompleta. No podemos considerar como nuestro derecho inalienable, sin más, al gas. No podemos pretender asegurar el precio, sin más, de un bien que se vuelve día a día más escaso. Es una triste realidad del contexto geohistórico de la región, ya hace años. Hacerlo, y centrar nuestras demandas exclusivamente en el tema precio, nos ubica como blanco perfecto para los populismos cortoplacistas más ridículos.

Nos vemos la suerte entre gitanos si no admitimos el uso ineficiente que se le da en los hogares al gas. Para cualquier afuerino, o alguien que haya vivido un tiempo fuera de la región, el estilo tradicional del uso del gas en los hogares magallánicos es lisa y llanamente grotesco. Muchos individuos y organismos ya dan cuenta de esto, y están avanzando en formas de educar sobre un uso más eficiente del recurso, y en generar políticas de mejoramiento habitacional, para que en los hogares se den estructuralmente condiciones más aptas para el ahorro (porque gran parte del uso ineficiente tiene su raíz en construcciones térmicamente ineficientes, qué duda cabe).

Nuestra demanda a las autoridades y postulantes a cargos parlamentarios debe completarse con una demanda por políticas que permitan que en Magallanes mejoremos la eficiencia energética de las viviendas, y podamos –más aun- transitar hacia formas alternativas de calentar los hogares. Hoy, ambas cosas son difíciles, y lamentablemente no existe la infraestructura para permitir que los magallánicos aprovechemos formas alternativas de generación de energía: energía se puede generar de varias formas, pero, en concreto, nuestras instalaciones dependen del gas.

De no generar políticas de este tipo, estaremos relegándonos –pero especialmente a los más pobres- a un círculo vicioso de progresiva demanda, escases y aumento de precio. Sin recursos para mejorar las condiciones de vivienda ni, menos aun, para modificar estructuralmente la forma de calefaccionar su hogar, seguirá con formas ineficientes de generar calor para una casa que lo derrocha por todas partes, pagando un precio cada vez más caro.

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Texto originalmente publicado el domingo 7 de abril en El Magallanes/La Prensa Austral.

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