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Autoridad

En virtud (o en vicio) de la compleja y progresiva división social del trabajo, históricamente determinada, como individuos del siglo 21 estamos frecuentemente identificados con roles diversos. Parte de comprender la complejidad de los entramados sociales de la modernidad y post-modernidad tiene que ver con observar esto: no podemos ya ser definidos sencillamente como miembros de tal o cual categoría o clase, sino como participantes de diversas redes simultáneas de interacción social. Por ejemplo yo, soy empleado, soy supervisor, soy padre de familia, soy cliente, soy vendedor, soy comentarista, soy activista, soy analista y soy motociclista, todo en una sola semana.

Lo interesante es que en cada uno de estos roles, el sujeto se ve envestido de determinados tipos de autoridad, en el sentido, por ejemplo, de quien tiene derecho a hablar de determinada cosa, y cuyas palabras tienen algún grado de significancia. Así por ejemplo, hay una probabilidad relativamente alta de que alguien tome en cuenta mi opinión sobre el gobierno de turno, en función de que soy sociólogo y…los sociólogos sabemos de esas cosas. Independiente de que yo investigue y reflexione sobre el tema, y posea una preparación académica relevante a la cuestión, hay algo en esa etiqueta que llevo que me autoriza a opinar.

Pues bien, déjeme decirle que, lo quiera o no, usted posee varios tipos de autoridad. Y con toda autoridad viene una responsabilidad. Asúmala. Cumpla con ella.

Nadie es infalible, pero en nuestros distintos roles debemos ser conscientes de nuestra responsabilidad como portavoces de determinados asuntos. Habrá personas, que quizá conozcan menos sobre el tema, o que sencillamente no perciban su autoridad sobre el tema, que confíen en nuestras palabras. En ocasiones, esa confianza podría ser determinante para el curso que sigan sus vidas en temas tremendamente relevantes.

Periodistas con el manejo de información que consumimos diariamente, médicos con las prácticas de salud con las que cuidamos de nuestros cuerpos –y a veces, mentes-, profesores con las capacidades y potenciales de nuestros hijos. La influencia que puede tener un simple comentario a la pasada sobre las decisiones que tome una persona no puede descontarse nunca.

Por lo mismo, mantengámonos actualizados, reflexionemos y aprendamos constantemente, y tratemos de brindar en cada una de nuestras interacciones lo más auténtico de nuestras consciencias. Es un tema de integridad, pero también de ética, ya que es dar cuenta de cómo nuestra relativa autoridad impacta los órdenes de nuestra comunidad, en mayor o menor grado. Lo que enseñamos y cómo criamos a nuestros hijos, la atención al detalle que ponemos en nuestra forma de trabajar, etc.; nuestra autoridad se refleja en las distintas actividades de nuestra vida cotidiana. Seamos responsables con ello.

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Texto publicado originalmente el domingo 14 de abril de 2013 en El Magallanes/La Prensa Austral

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