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Qué complicado es esto del “en vivo y en directo” con la letra escrita. Usted me lee el domingo. Domingo, qué lindo que es el domingo. Quizá comiéndose un pancito tostado y con un buen café aromatizando la habitación, ahí sentado, esperando ser bebido. Pero en realidad es jueves. Fue jueves. Bueno, era jueves mientras yo escribía esto.

En realidad, comencé el miércoles de noche, luego de preparar todo para partir a la Antártica el jueves por la mañana. Qué nervios, la Antártica. El miércoles en la noche casi no dormí, sin poder parar de pensar en esto. Y ahora jueves en la mañana, resiento esa falta de sueño y me pregunto si el vuelo saldrá mañana. Pero mañana es viernes para mí, y “antes de ayer” para usted. ¿Habrá salido el vuelo? ¿Qué tal habrá estado esto de la Antártica?

Nelson Mandela falleció un jueves. Nunca lo olvidaré. Recuerdo que fue un jueves, porque el miércoles envié mi columna del domingo, y al día siguiente perdimos a uno de los más importantes líderes que ha conocido el mundo. Y yo ya había enviado la columna…quizá de qué pavada estaba hablando el domingo, el muy desubicado. Y luego llega el miércoles siguiente, me siento frente al computador y pienso “¿qué más se puede decir acerca de este hombre?”, y fíjense lo ingrato, amargo, y sinsentido de la respuesta: se podría todavía decir mucho, pero ya pasó más de una semana. Claro, ya “no es noticia”, debo reconocer con una buena cuota de vergüenza.

Porque pese a que yo no soy periodista, y mis columnas muchas veces tratan temas que trascienden lo inmediato, no puedo evitar mantener los ojos abiertos respecto a qué temas están siendo relevantes para los lectores, cuáles son algunas de las inquietudes principales, y bueno, luego le daremos una vuelta más “atemporal”. Y uno termina cayendo preso del tiempo, de la inmediatez.

En realidad, creo que nos haría bien parar un poco. Finalmente somos todos víctimas del “en vivo y en directo”, o peor, del “en exclusiva”; nos acostumbramos a que todo es un pequeño titular, y que la vida social parece componerse de un sinnúmero de “hechos” que deben ser informados aun antes de poder masticarlos bien quien comunica. Lectores y medios, nos acostumbramos a esto, y nuestra capacidad de leer y escribir en profundidad se ve progresivamente mermada.

Recientes casos de noticias “falsas” son síntomas claros de esta problemática: “¡¿Se elimina Geografía del currículum?! ¡Rápido, saquen la nota!”, y claro, si 800 medios nacionales le dirán a los lectores en el mismísimo segundo que Geografía se elimina, no podemos quedarnos fuera. Y ahí sale la nota.

El problema es que la palabra escrita, muy inmediata querrá ser, pero es todo menos fugaz. Ahí queda, escrita, registrada, con fecha y nombre, para que cualquiera pueda consultarla con la calma de un aficionado constructor de modelos de vehículos a escala. El tiempo es siempre un factor en contra: hay poco tiempo para leer y escribir, pero la totalidad de una tranquila mañana de domingo, para analizar y revisar.

Y yo, como usted se imaginará, no sé si fui o no a la Antártica.

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Texto publicado originalmente el domingo 22 de diciembre de 2013 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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2 pensamientos en “No sé si fui o no a la Antártica

  1. Pingback: Nicolás Harambour: Imaginando la Antártica | Prensa Antártica

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