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Esta columna será un poco distinta a lo acostumbrado: Hablaremos de gasolina. ¿Qué tema más contingente que la gasolina, con sus permanentes aumentos de precio, y el impacto que tienen nuestra querida forma de movilizar objetos en la naturaleza y la economía mundial? Pero no lo haremos desde un punto de vista sociológico, macroeconómico, ni medioambiental. Sino, simplemente desde el punto de vista del “bolsillo” y la eficiencia de su motor; disculpándome los lectores peatones y ciclistas.

Por discutir este tema, muchas veces me han tildado de amarrete, o lisa y llanamente irresponsable. Pero me expongo nuevamente, aquí en mi querido Sofá, para que alguien pueda beneficiarse de esto. Acá va:

Digamos que mi auto es, en términos relativos, mecánicos, culturales e históricos, bastante más humilde que mi moto. Sin embargo, si no soy bien enfático en el “¡de 93!”, los bomberos siempre le mandan de 95 octanos, y a veces lo digo fuerte y claro, pero hacen igual. De 95 parece ponerle todo mundo, de 93 los acérrimos amarretes, y de 97 quienes buscan tener lo mejor en sus estanques. Es como que tenemos una asociación entre el octanaje de la bencina y el precio del auto, o el nivel socioeconómico del dueño. Qué se yo. Pero lo que es más grave aun, es que tenemos una asociación –tanto los clientes como quienes se ganan la vida cargando combustible-, entre el octanaje y la capacidad energética de la gasolina, y de paso, su calidad.

Pero no es así. Sencillamente no es así. La gasolina, salvo excepciones que no encontrará en la típica bencinera, posee la misma capacidad energética per se, entre los distintos octanajes. Y de calidad, no hay nada que decir, es toda igual de buena (no entraré en el tema de las gasolinas con aditivos especiales), o mala. Afortunadamente en Chile todavía no se legisla a favor de la pomada mundial del etanol en la gasolina, entonces además somos suficientemente afortunados como para no estar cargando gasolina que deformará los conductos y estanques plásticos de nuestros vehículos.

“¡Pero la 97 es más cara que la 93, por algo será!” Efectivamente hay una diferencia entre ambas, y eso incide en su costo de producción. Pero no es que una sea mejor que la otra, sino que sencillamente tienen características distintas. El nivel de octanaje nos habla de la capacidad que tiene la gasolina de evitar ese desagradable fenómeno conocido como pre-detonación: a mayor octanaje, mayor resistencia a la detonación anticipada…

Pero mejor volvamos un poco: para máxima eficiencia, un motor (de combustión interna, de cuatro tiempos) necesita que la mezcla de aire y gasolina que entra al cilindro por la válvula de admisión sea quemada (¡no estallada!) de tal manera de aprovechar de forma óptima el ciclo del pistón, es decir, la bujía produce la chispa un poco antes de que el pistón esté en su posición superior, de tal forma que la fracción de segundo que demora la llama en expandirse al máximo logre que la máxima compresión se produzca justo antes de que el pistón comience a descender, aprovechándose al máximo la combustión de la mezcla de aire y gasolina. Entenderá usted que el ritmo, o timing es absolutamente fundamental para que el motor funcione correctamente.

La gran mayoría de los vehículos modernos requieren de una gasolina regular (93) para mantener esta relación más o menos óptima. Sin embargo, una de las formas de obtener un mayor rendimiento del motor, es aumentando su relación de compresión, por ejemplo con un pistón modificado que reduzca el volumen de la cámara de combustión y, por consiguiente, “apriete” más la mezcla de aire y combustible. En tal caso, necesitará una gasolina que resista mayor compresión, y por tanto, temperatura. Y ahí es recién donde entra a escena una gasolina de mayor octanaje (una 95, o una 97 o más, dependiendo del caso). Aquí es donde volvemos a la pre-detonación: cuando un motor de alta compresión utiliza gasolina de octanaje insuficiente, ésta se quema antes de tiempo, ocasionando que el pistón que quiere subir, se encuentre con una fuerza que se le opone. Un repetido caso de pre-detonación puede destruir una biela, y más…

Pero, ¿tiene usted un motor modificado de esta forma? Casi seguramente, si este tema es nuevo para usted, la respuesta es negativa. Y digamos que usted se quiere “ir a la segura”, y evitar por completo la pre-detonación, ¿qué de malo hay en usar gasolina de más alto octanaje, además de botar algo de plata cada vez que recarga combustible? Pues, logrará que en el cilindro siempre esté sobrando combustible que no se alcanza a quemar, simulando un problema de mezcla “rica” que reduce la eficiencia energética de su vehículo y genera depósitos de carbono en la cabeza del cilindro. Vea cómo funciona el destino, que una prolongada acumulación de carbono puede llegar a significar un aumento de compresión, con la consiguiente necesidad de usar bencina de mayor…

En fin, busque bien entre sus cosas el manual del vehículo, y vea qué recomienda el fabricante (¡ojo con leer bien las distintas denominaciones de octanaje según el sistema de medición!). Lo más probable es que de ahora en adelante, a la hora de cargar combustible, se ahorre algunos pesitos.

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Texto publicado originalmente el domingo 2 de marzo de 2014 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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