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Digamos algún cliché como que “las redes sociales llegaron para quedarse”. La frase no me gusta mucho, pero la consigna es cierta. El punto es que, desde una perspectiva de la comunicación, el hecho de que las llamemos “redes sociales” no deja de ser una pista importante a la hora de conceptualizar esta forma de vincularse: Facebook, Twitter, etc., son sencillamente plataformas, aplicaciones particulares –claro, con sus particulares modos de operación y funcionalidades- en las cuales se pueden desempeñar redes sociales. Pero las redes sociales, en estricto rigor, son literalmente más antiguas que el hilo negro; sin ellas, no hay relación entre personas.

Los seres humanos, desde que somos capaces de hacer intentos de aproximación simbólica entre sujetos, generamos a través de nuestras acciones comunicativas, redes sociales: entablamos a través de símbolos nuestras relaciones interpersonales de trabajo, amistad y familia. Nos identificamos con otros semejantes, y marcamos diferencias con quienes consideramos distintos. Con la complejización de las sociedades y la progresiva división social del trabajo, se hace indispensable que como individuos, seamos capaces de vincularnos con otros para conseguir lo que necesitamos para vivir, y en ese tránsito, entablamos todo tipo de relaciones, basadas “meramente” en la comunicación, que perduran en el tiempo.

No hay nada más complejo que la comunicación entre seres humanos, puesto que mientras yo converso con alguien, al mismo tiempo que interpreto explícita o implícitamente todos los pequeños signos verbales y no verbales de su actuar, estoy yo también comunicándole todo tipo de elementos a él, utilizando mis herramientas intelectuales para darle a entender algo, al mismo tiempo que él interpreta eso desde su punto de vista. Es un lío. Entonces, lo que los seres humanos hacemos es que vamos construyendo símbolos particulares, como palabras o gestos tipificados, que reducen la complejidad de este acto. Así, yo entiendo que si alguien acompaña determinada información con una sonrisa, y usa palabras “amables”, yo interpretaré que su intención es amistosa. Pero aun con ejemplos tan burdos, puede haber serios malentendidos.

En el mundo de hoy, además de las dimensiones presenciales de comunicación y a los actos relativamente unilaterales provistos por los medios de comunicación tradicionales, las empresas van comprendiendo la relevancia de interactuar con sus públicos de interés, en las llamadas redes sociales. El problema es que ahí donde ya se entienden las formas de la “atención a clientes”, sea presencialmente o por teléfono, todavía nos falta desarrollar una sensibilidad y una ética que opere en los instantáneos y moldeables medios de hoy.

No es raro ver empresas que tienen amplia presencia en –y presupuesto destinado a- las redes sociales, se comunican con los usuarios de manera impersonal, y publicitaria. No se agrega valor, sino que se vuelve otra forma de aparecérsele a los potenciales clientes con una oferta comercial, y se pierde la gran oportunidad que ofrecen estos medios de vincularse con sus seguidores. Más aun, algunas marcas operan olvidando que consideraciones éticas del trato cara-a-cara también se traspasan a este ámbito, puesto que jamás se comunica uno sino con seres humanos.

Muchos estamos involucrados en este trabajo hoy, siendo ésta una labor propia de estos tiempos donde la penetración de Internet en la población ha sido tan acelerada. De alguna forma, todavía estamos todos aprendiendo, porque el potencial de los nuevos medios apenas lo estamos todavía descubriendo.

Sin embargo, recomiendo personalmente no olvidar lo anterior: no hay forma de comunicación, en el sentido pleno de la palabra, que no ocurra entre dos seres humanos. Las máquinas las hemos hecho inteligentes, pero las máquinas no son capaces de la riqueza imaginativa y emocional de las personas, por lo que la complejidad de la interacción siempre será menor. Honestidad, cercanía, buena voluntad, respeto, son tan fundamentales en Internet como en la “vida real”. No olvidemos que estamos en redes sociales, es decir, entablando relaciones con otras personas, que de alguna manera, perdurarán en el tiempo.

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Texto publicado originalmente el domingo 9 de marzo de 2014 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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3 pensamientos en “Ética en las redes sociales

  1. Reblogueó esto en Antropología de la Realidad Virtualy comentado:
    Digamos algún cliché como que “las redes sociales llegaron para quedarse”. La frase no me gusta mucho, pero la consigna es cierta. El punto es que, desde una perspectiva de la comunicación, el hecho de que las llamemos “redes sociales” no deja de ser una pista importante a la hora de conceptualizar esta forma de vincularse: Facebook, Twitter, etc., son sencillamente plataformas, aplicaciones particulares –claro, con sus particulares modos de operación y funcionalidades- en las cuales se pueden desempeñar redes sociales.

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