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Hace dos días fue el comienzo del otoño, según el calendario. 21 de marzo, para nosotros los de la mitad sureña, significa equinoccio de otoño, es decir, el momento en el que ambos polos de la Tierra se encuentran a igual distancia del Sol, y el día y la noche tienen la misma duración. En todo el hemisferio sur, pero quizá especialmente en Magallanes, este es un día medio melancólico, porque nos muestra muy marcadamente que los días están –y se pondrán cada vez- más cortos, y que las temperaturas solo podrán bajar. Mal desenlace para el 20 de marzo…¡día internacional de la felicidad!

Sin embargo, para muchos es desde hace algunos años un día aun más feliz que cualquier día de la felicidad, porque el 21 de marzo es desde 2012 oficialmente el Día Mundial del síndrome de Down. Y esta fecha me dice que un día de mi cumpleaños, un 1 de febrero, sin saberlo yo, nacía en Porvenir una bebita cuya mamá se llama Carla, y su papá –quien tenga ovejas para esquilar en la gran isla, lo conocerá- Gonzalo.“La hicimos con tanto amor, que le dimos un cromosoma de más” dicen Gonzalo y Carla.

O, “es de edición limitada”, dicen Gerson y Marite de su pequeña Mei, quien nos presentó a esta amable pareja; Francisco y Maritza, antes encargados de asegurar que los aviones lleguen a destino en Punta Arenas, nos llegaron enamorados de su linda Palomita; Raquel y Ernesto de la mano de don “L”(Lucas), y Leyla y Gonzalo, con la Cata que tiene apenas un día más que nuestro Ignacio. Gustavito, quien nació el mismísimo martes que nos cambió la vida con Ignacio, nos presentó a Teresa y a Gustavo; Antonio nos presentó a Juanita; Pablo a Patricia y a Rolando, y así muchos amigos más.

Carla me recuerda que al principio no fue fácil, y que sus tres hijos mayores (Ignacia, Cony y Abram) lloraban cuando escucharon “la noticia”. Quizá todos, a nuestra manera, lloramos. Estábamos asustados. Nos sentimos solos y desorientados. Conversando entre papás, nos damos cuenta de que cada uno tiene una historia peor que el otro acerca de la forma en que los doctores entregaron la novedad. Pero nunca más; porque cuánto nos ha regalado el síndrome de Down, cuánto nos ha traído esta “noticia”, cuánto han mejorado nuestras vidas. Nombro a todas estas personas no por lo meramente anecdótico; lo hago como un homenaje a todos ellos y sus hijos, como un recordatorio de cuánto ha mejorado nuestra vida desde que el Ignacio vino al mundo y nos presentó a tantos amigos.

Siguiendo las estadísticas, estoy seguro que casi todos ustedes tienen algo que ver con el síndrome de Down, sea con un amigo, un familiar, un vecino o un colega. Y si usted suele leer esta columna, pues cuánto más. Pensaba escribir sobre cualquier otra cosa, pero no puedo dejar de celebrar este día, este mes que es para conversar sobre el SD, porque así como le pasará a algunos con el colegio, con el fútbol, con determinado estilo de música o hobbie, a nosotros nos pasó con esta sorpresa que traía nuestro Ignacio, que se nos abrieron las puertas a personas y experiencias que jamás pensábamos tener.

Y me imagino cómo habría cambiado mi concepción de la semana, si el Ignacio hubiera nacido un lunes en vez de un martes…porque tengo que admitir que el 21 de marzo, ese día en el que termina el verano, es ahora uno de los mejores días del año.

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Texto publicado originalmente el domingo 23 de marzo de 2014 en El Magallanes/La Prensa Austral.

 

 

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