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Hace unos días probé una moto nueva para mí, y para el mercado internacional, hasta cierto punto –una KTM Duke 390. Supongo que siento la obligación de contarles qué me pareció; después de todo, quien prueba una moto, un objeto capaz de condensar tantos interesantes sentimientos, como para convertir a los “motoqueros” en una raza autoreconocida -muy distinto a lo que ocurre con el medio de transporte más masivo: la micro (¿Los microteros? Capaz ya existen, qué se yo)-, tiene que servir de aliciente o advertencia para otros potenciales conductores: “Esta moto no tiene alma, es como subirse a una máquina de coser con piñufles ruedas y frenos”, o bien, “dan ganas de vender toda pertenencia y olvidar toda relación contractual, para escapar a la carretera a vivir de andar”; cosas que sería bueno escuchar, de querer ser proferidas.

Además, siempre he tenido el oculto sueño de ser una especie de probador de motos. Un masoquista dispuesto a liberar a todo dueño de aquella máquina infernal que podría acabar por matarlo, por un rato. Ese sería yo. Los probadores de moto son, desde luego, una especie particular de escritores a los que les gusta demasiado andar en moto. Y escribir, eso hay que hacerlo también. Y a mi me gusta escribir, y andar en moto.

Pero me gusta andar en moto, realmente. Y digamos que, en una epistemología de la crónica motociclística, yo postularía que el escribir viene por espontánea añadidura. Es decir, usted prueba una moto, y las palabras se le salen. El tema es si las pone en papel…, pero usted habla. La gente habla cuando prueba una moto: “shuuuuushaaaa!!” escuché muy elocuentemente hace algún tiempo, y el lenguaje es preciso –solo palabras pseudo-onomatopéyicas pueden servirle para dibujar lo que es andar en moto. Quizá escribo, solo porque alguna vez probé una moto. Cronológicamente, la tesis se mantiene en pie.

Ah, sensación. Estoy seguro de que usé esa palabra intencionalmente hace algunos párrafos. Después de probarla le comenté al encargado que algo que me había gustado de la moto es que no importa que la rapidez con la que acelera pueda no verse reflejada en los números, tan bien como en la mera sensación de estar apretando cueva, y ¿acaso no busca el ser humano sensación?

Aquí cabe una explicación: La KTM 390 ha adquirido esa moda, a mí parecer producto del mal necesario de tener que aprovechar al máximo el espacio, para la enorme cantidad de información que sería aconsejable recibir, deshaciéndose de los relojes con agujas, mostrando incluso el tacómetro como pixeles. Cosa rara, pero en fin. Si imagino que la moto tiene un reloj que se levanta hasta las 9 en punto, en esa medida no aparecería un 100km/h, sino tan solo un 60km/h. Pero la rapidez con la que sube la aguja no deja de ser atractiva, aun cuando la velocidad sea menor en términos absolutos, si es que la moto logra transmitir sensación. Y esta moto lo transmite. Pero en el trabajo de imaginar relojes y agujas, ignoro la astucia de KTM (tal vez inintencional) de eliminar las marcas visuales de sensación, dejando al piloto solo provisto de “potómetro”. Y ahí está la magia: con esta moto sientes que vas apretando cueva.

Creo que el secreto para todo buen vehículo está en lograr ese delicado balance entre sensación y anestesia. Y lo ilustraré con el ejemplo de por qué el motociclismo de velocidad de alto nivel sigue utilizando la horquilla telescópica, en lugar de optar por soluciones más eficientes para el tren delantero: los pilotos están acostumbrados a “leer” la forma de transmitir información de la horquilla convencional. Entonces, aquellas decisiones de microsegundos que son cruciales para lograr la diferencia entre el ganador y el que no aparece en la nota breve de la carrera, pueden ser tomadas.

Sin embargo, también se puede sentir demasiado. La sobreestimulación sensorial despierta nuestro cerebro, llamando nuestra atención y agudizando nuestra mirada. Y eso está muy bien para momentos específicos, pero puede convertirse pronto en una experiencia estresante. Una confesión actual y personal: todavía no me acostumbro a la moto de 400cc y cuatro cilindros en la que estoy andando. Para llegar pronto a los 100 km/h, este motor debe levantar tantas vueltas que la impresión que me da el sonido agudísimo, es de que en realidad hay un error y voy a 300 km/h. Es entretenido, pero estresante. Como si llevaras en el asiento trasero un copiloto que con cada modesta salida de semáforo gritara con los ojos desorbitados “shuuuuushaaaa!!”.

Me olvidaba de la KTM: la moto es genial. Creo que no pasará desapercibida, en cuanto a la historia del motociclismo de calle se refiere. Pero, ¿acaso alguna moto pasa desapercibida? ¿Hay motos prescindibles?

La fórmula para la perfección de un vehículo es tan subjetiva, que a uno no le queda otra que probar y probar. Los números, los “specs”, no pueden transmitir ni la mitad del asunto: así que, pruebe, y escriba.

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Texto publicado originalmente el jueves 3 de abril de 2014 en suplemento mensual “Patagonia Deportes” de La Prensa Austral.

 

[Recuadro: Carrera MotoGP]

 Luego de una lesión que lo mantuvo fuera de las pistas en las sesione de pruebas previas al primer fin de semana de carreras en el Campeonato Mundial 2014, el joven campeón Marc Márquez comienza el año en parte más alta del podio del circuito de Doha, Qatar.

No fue fácil, eso sí, ya que tuvo que batallar hasta el final con el 9 veces campeón –¡¡y 14 años mayor!!- Valentino Rossi, quien terminó la carrera como la mejor Yamaha, luego de que su compañero Jorge Lorenzo sufriera una caída en los comienzos de la cita. La mismo suerte corrieron Álvaro Bautista, Bradley Smith, Pol Espargaró, y un muy promisorio Stefan Bradl. El podio lo completó un solitario Dani Pedrosa.

Con muchas caídas, pero también muchas batallas, este fue un comienzo electrizante para un año que promete mucha acción, y quizá algunas sorpresas. La próxima cita es el 13 de abril en el circuito texano Americas (EEUU).

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