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profesor

Debo confesar algo: siempre me han cargado las evaluaciones individualizadas… pero me carga a un grado indescriptible, que evalúen a mi hijo. Que lo evalúen constantemente; con tan solo dos años y medio, y ya tanta evaluación. Me carga.

Esa obsesión por evaluar, por dejar marcado en una pauta una calificación, un diagnóstico, una marca tan trascendental como puntual, cargada de arbitrariedad. Un momento. Un instante. Un pedazo de muestra, y corre el “diagnóstico”, y le ponemos nombres a las cosas, y nos preocupamos porque el niño no va de acuerdo a la tablita de bolsillo.

No tengo pruebas suficientes, más que la mera experiencia personal e indirecta, pero me atrevo a pensar que el sujeto de la tablita no existe. Y si existe ese niño, ese infante capaz de responder a cada petición repetitiva con la inmediatez característica de las calculadoras, sin mediar distracciones, estudios incipientes del entorno, miradas al pajarito que se ve volar por la ventana, o sencillamente el estado de ánimo de este pequeño ser humano –oh, criminalmente susceptible de variar-…si existe ese niño, yo me apiado de él.

Porque no estamos hablando del hallazgo de un síntoma o indicador que pudiera levantarnos la mirada frente a algo a lo que habría que poner especial atención. No. Simplemente, como sociedad nos dedicamos a ingresar a todo niño a un sistema donde tendrá que aprender a responder de la forma y modo que se espera de él. Al diablo con la individualidad, los ritmos, ánimos e intereses del niño: el niño debe aprender a comportarse como esperamos los adultos, y al ritmo que esperamos los adultos.

El otro día una terapeuta nos comenta a la pasada, así como si fuera un detallito poco importante, que “a su edad”, Ignacio debería ser capaz de concentrarse en la sesión de trabajo durante una hora y media. Una. Hora. Y media. Mátenme a la media hora: En una hora y media yo trabajo, me hago un café, miro noticias, me río de algún chiste, y hasta me pongo a tocar la flauta para “distraerme”. Eso de las jornadas laborales, de la concentración continuada, y de no distraerse es una de las mentiras más dañinas que nos contamos los adultos. Jamás esto me ha traído un problema, ni a mí, ni a ninguno de mis colegas, a quienes jamás los vi trabajar más de 45 minutos seguidos sin ponerse a pensar en absolutamente otra cosa por un rato. No se sientan mal, muchachos: somos humanos, no maquinitas.

Jamás me trajo problemas, salvo… en el colegio. Claro, en el colegio se encargaron de entregar píldoras de preocupación a mis padres, y por suerte ellos no se las tomaron. Si me preguntan a mí, me carga. Me cargan las pruebas estandarizadas. Los controles de alternativas múltiples. Las instancias únicas y puntuales para decidir sobre el futuro de alguien. Las “primeras impresiones”. Y me cargan los uniformes, y todo lo que implican…

Uni-forme; todo igual, de la misma forma. Hace unos días con mi señora dimos una vuelta alrededor de nuestra nueva casa, y vimos un pequeño edificio: ¿Y eso?, me pregunta. Y con un vistazo supe qué era: Fácil; una escuela –le dije-, pared alta y lisa, de un color aburrido, ventanas chicas y altas, con barrotes, poca vegetación, y gente uniformada rondándola. Bah, bien podría ser una cárcel, o un antiguo psiquiátrico.

Me carga que con cada año que cumple mi hijo, se acerca más el día en el que tenga que entrar de un piquero a este horrible mundo de las evaluaciones huevonas y poco representativas. Cada año, es otro año en el que esto no ha cambiado, y con el cual mis esperanzas de una educación inteligente se traspasan a la generación de mis nietos.

Y yo, que comparto con él día a día, que veo en él la genialidad que ve cualquier padre en su hijo, que sé que él se concentra en una actividad, cuando la actividad lo amerita y él tiene ganas de concentrarse en ello, que veo cómo reconoce los animales, las partes del cuerpo, qué se yo, todo eso que le da lata mostrarle a una extraña con lápiz y pauta en mano, me tengo que guardar estas palabras. Porque yo no soy imparcial. Porque sería subjetivo.

¿Saben qué? Me carga esto. Prefiero la incertidumbre de la subjetividad, frente a toda la certeza de lo objetivo.

Texto publicado originalmente el domingo 27 de abril de 2014 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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11 pensamientos en “Me carga…

  1. En la búsqueda de la educación de mi hijo de solo 5 años, en estos momentos con mucha desilucion lo tengo en casa con tto. Tanto de terapias alternativas y con Ps. Porque el no se adapta al sistema tradicional ( cuadrado) de educacion, por razón económica no puedo optar a un montesori, tengo ejemplos cercanos de lo maravilloso que es este tipo de enseñanza y veo también como los niños se ven felices al salir de su escuela y no fatigados y frustrados como en el sistema tradicional. Confió en que tu podrás encontrar lo adecuado para tu hijo así también todos los que buscamos lo mejor para ellos….. Felicidad en aprender, aprender con comprensión y no por obligación o forzadamente por que los objetivos temáticos así lo dicen, por que los estudios así lo dicen.
    En Francia no tienen niños con TDA trastorno déficit atenciónal…..no los apuran en procesos que según los adultos tienen que estar o ser niños normados.

    Suerte y mucha luz

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    • Muchas gracias por tu comentario Lorena, concuerdo absolutamente con tu diagnóstico del sistema tradicional y sus resultados en los niños.

      Mi pareja en estos momentos está armando junto a otras madres y padres, un jardín comunitario, para armar un ambiente educativo/juego/crianza con los principios que nos hacen sentido. Está recién comenzando esto, pero me gusta que surjan iniciativas desde fuera del sistema =)

      Un abrazo, y ánimo con la educación en casa!

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  2. … Bueno… No tienes porque someter a tu hijo a esa cárcel, pobres niños!
    Hay varias alternativas, desde homeschooling a colegios con curriculum libres, de la línea Waldorf o Montesori. Suerte!

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    • Hola Pilar,

      definitivamente no lo haremos. Desde antes que naciera Ignacio, de hecho, ya teníamos claro que no deseábamos para él la misma experiencia escolar que tuvimos nosotros. Yo ni siquiera puedo decir que tuve una vida escolar especialmente traumática; sencillamente, he sido desde chico muy crítico con cómo se maneja el sistema básico educacional en nuestro país.

      Sin embargo, las opciones se complejizan un tanto con el Ignacio, al tener síndrome de Down. Incluso hoy, antes de que entre al colegio, hay mucho de prueba y error, y de buscar apoyos y metodologías de las que él pueda sacar el máximo provecho, a la vez que respetando sus tiempos y procesos. Por el momento, por ejemplo, el homeschooling lo tenemos descartado. Sencillamente, no sabemos si podremos nosotros solos educarlo en materias más técnicas, y nos gustaría que comparta clase con otros niños.

      Espero encontrar una excepción, pero estudiando la metodología Waldorf me he encontrado con la ingrata (para mí, al menos) “pedagogía sanadora”, cuyo enfoque no me parece muy inclusivo. Básicamente, otro tipo de educación especial; cosa que como punto de partida no nos interesa.

      Y con las escuelas Montessori, que francamente han sido nuestro anhelo por mucho tiempo, nos encontramos con que muchas -si no todas- exigen el acompañamiento de un tutor individual para el niño con necesidades educativas especiales. Nuevamente, perdonar lo “ingenuo”, pero eso no me parece inclusivo; es como decirle a los padres “pueden usar nuestra infraestructura para hacerle clases a su hijo” (a un costo enorme).

      Seguimos buscando! Pero quiero pensar que como sociedad tenemos pensado cambiar radicalmente este sistema educativo fabril. Para todos los niños, y no solo para aquellos de “desarrollo típico”, ni para aquellos cuyos padres pueden pagarlo. =)

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      • Que lástima lo de los Montessori, no lo sabía, tengo a mi hija en el Barrie y la verdad se hecha de menos la diversidad. Respecto a los Waldorf también me hace ruido eso de la pedagogía sanadora, finalmente para mi termina siendo educar de otra forma, y no guiar el aprendizaje, que es lo que quiero para mis hijos.
        Suerte en la búsqueda! Y cuéntanos 🙂

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  3. Opino como tú, y te cuento que no todo está perdido!! mis hijos están en un colegio donde no tienen que mirar al profesor los 45 minutos, donde comparten con niños con necesidades educativas especiales y donde no homogeinizan sino apoyan la diversidad… Y así todo, pertenecen al sist educativo tradicional, están reconocidos por el mineduc y tienen desde el nivel medio menor hasta 4º medio…. pero no son más de lo mismo!! Vente a la serena!! Verás un vagoncito de tren (la oficina del director) y tras ello, salas de colores vivos y niños corriendo felices!! No todo está perdido!!
    Saludos!!

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      • Te iba a comentar sobre el mismo colegio, tengo a mi hija ahí desde Prekinder y es ooootra cosa.
        Lo notarás de partida en la entrevista con el director, la frase que a mi me quedó marcada en esa entrevista fue:
        “Si usted busca que su hijo salga adoctrinado siendo el primer lugar en la psu para entrar a la universidad……. No le recomiendo éste colegio. Aquí primero se les enseña a ser personas y a relacionarse con los demás.
        Además es inclusivo, por lo que comparten todos en un mismo ambiente sin distinción. 🙂

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