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Estaba escuchando unos dibujos animados educativos que veía mi hijo, cuando oí la siguiente frase –“Además de tiempo y agua, las plantas necesitan sol”. Me gustó mucho este punto de vista, según el cual el tiempo aparece como un ingrediente principal en esta suerte de receta para una planta. Como en esa aclaración que quizá ya ha escuchado –muy sabia, por lo demás- de que un árbol no es producto de una semilla, sino que de una serie de condiciones que se deben presentar para que de esa semilla salga un árbol, la inclusión explícita del factor tiempo es algo que me parece valioso a la hora de explicarle a los niños.

Porque las cosas toman tiempo. A veces, tiempo de sentarse a esperar, tiempo de dormir y descansar. A veces, tiempo de estudio, horas de vuelo, tiempo de años de practicar, de errar y probar cosas distintas, hasta encontrar la fórmula, o al menos volverse muy bueno en reconocer los errores.

Soy un firme creyente en que existe una poderosa circularidad entre el gusto y el talento. Claro, es frecuente que a uno le gusta hacer lo que siente que hace mejor, pero para hacer algo bien, se requiere de mucho hacer previo, se requiere también de gusto por practicar, por poner las manos en la masa. Quizá existieran casos extremos en los cuales alguien se empecina más de la cuenta en algo: años queriendo ser un pianista, pero no se da cuenta de que “no tiene dedos para el piano”. Supongo. Pero tengo dos problemas con este punto de vista:

Por una parte, ¿más de la cuenta para quién? ¿Quién decide cuál es el límite del esfuerzo y la perseverancia. Siempre que esto no atente contra los derechos de otro, creo que el simple hecho de dedicarse a practicar algo ya conlleva un enriquecimiento que, si bien podría no derivar en la imagen previa que teníamos del “éxito”, desde luego que nos aportará algo muy valioso.

Por otra, difundir este punto de vista de que debemos dejarnos de hacer las cosas para las cuales se juzga que no tenemos talento, es tremendamente destructivo. Incentiva a intentarlo una o dos veces y declararse por derrotado. A mantener esa improductiva ilusión de que está por ahí ÉSE talento oculto, gusto, función, o ÉSA idea, inspiración, etc. que va a llegar por sí sola y cambiará mi vida. Y que mientras no llega este pedacito sorprendente de vida que cambiará el curso de las cosas, soy un inútil perdedor.

Siempre habrá alguien con más suerte, y/o un determinado talento “innato” más marcado que uno. Pero a la hora de la verdad, y respecto a las capacidades de cualquiera, nada sustituye la importancia de dedicarle tiempo a algo. Tiempo en práctica, tiempo en estudio, y a veces, solo tiempo de dejar que algo madure sin forzarlo.

A mi sobrina, que está comenzando sus estudios de diseño y se siente insegura respecto a su talento para el dibujo, y a cualquier persona en una situación similar: dale para delante. Todo el que es bueno haciendo algo tuvo la necesidad de aprender cómo hacerlo. La mismísima razón por la cual estás estudiando, es para adquirir técnicas y conocimientos que se presupone aún no tienes. Aprovecha este momento y dedícale tiempo a la práctica, y date tiempo a ti misma, de que las experiencias no son en vano, y al cabo de unos años, las grandes dificultades se vuelven anécdotas.

Texto publicado originalmente el domingo 20 de julio de 2014 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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