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La cosificación de la mujer en nuestra sociedad está tan profundamente naturalizada, que sus expresiones más cotidianas parecen obvias y sin importancia. Levantar la voz en su contra parece exagerado e innecesario. Y como siempre: jamás esto es un asunto de hombres vs. mujeres; tanto ellas como ellos habitan en medio de lógicas patriarcales y visiones machistas del mundo. Prueba de esto es que, respecto a la denuncia del acoso sexual en la calle, muchas mujeres chasquean la lengua y comentan algo así como “claaaro, y se queja más encima de que la pesquen” –acompañado, comúnmente del terrible- “¿Para qué se vista así entonces?”.

Pero hay otra área donde es ejemplar la cosificación, y al mismo tiempo aun más sutil: las pretensiones amorosas. No bastará jamás, pareciera, el reconocimiento de que socialmente existen estándares específicos de belleza que resultan perjudiciales en muchos sentidos, por ejemplo, debido a sus derivaciones racistas, porque lleva a los jóvenes a prácticas poco sanas para conseguirlos, o por último –como banalizan muchos- porque el daño está en que “no todas podemos ser así”. La mujer como objeto publicitario sigue rampante, tan naturalizado su rol como cosa, que comerciales “novedosos” en televisión aún se atreven a utilizar este recurso burdamente, así como un masivo “chiste de gallegos”, que pretende olvidarse de que los gallegos… efectivamente existen.

En las pretensiones amorosas esto se traduce a que la mujer pasa a ser un objeto transable en el mercado del amor. Un objeto con determinado “precio”. El clásico “she’s out of my league” (no está a mi alcance) de los gringos; la mujer no parece ser un legítimo Otro –también, por ejemplo, en busca del amor, entre otras cosas- sino un objeto con determinadas características, el cual me siento o no capaz de obtener, o del cual soy o no “merecedor”. Esta ridiculez tiene todo tipo de consecuencias, pero una de sus más patéticas es la de que hombres y mujeres a diario se pierden la oportunidad de conocerse entre sí, porque juzgan una aparente incompatibilidad mutua fundante.

Lo complejo es que la forma más típica en que parece presentarse esto es en una idealización de las mujeres: por una parte, el sujeto busca a “la mujer perfecta”, encontrándola fugazmente en uno que otro ejemplar “fuera de su alcance”, al mismo tiempo que se decepciona profundamente y a cada rato de aquellas mujeres con las que sí tiene contacto. Claro, porque por alguna razón –he visto casos patéticamente específicos- no calzan con su modelo de perfección (una pista: nadie calza). Por consiguiente, el amor solo puede ser “platónico”: con una mujer que existe para él en el mundo de las Ideas y no en su legítima y concreta individualidad.

Las mujeres, por cierto, también pueden operar en esta lógica, preparándose explícita o implícitamente a sí mismas para convertirse en princesas dignas de esperar al príncipe azul. Así muchas mujeres, observándose a sí mismas como objetos de deseo, aceptan como perfectamente natural el hecho de que gran parte de su vida cotidiana deba centrarse en el cultivo de la belleza (“externa”), y que es perfectamente aceptable que su belleza (“externa”) sea parte importante de cómo son percibidas en cuanto a su idoneidad para desempeñarse en actividades que no tengan nada que ver con su apariencia. Lo he dicho muchas veces: opiniones políticas aparte, Michelle Bachelet es la única Presidente que ha tenido Chile sobre la cual se emiten a diario comentarios respecto a su apariencia. Es que para las mujeres parece ser un deber tener una apariencia atractiva.

Debemos ser cuidadosos de cómo a diario reproducimos lógicas machistas, aun en sus formas más “inocentes”, y entender hombres y mujeres, que estas últimas no están puestas en esta Tierra en función de los primeros.

—-

Texto publicado originalmente el domingo 7 de septiembre de 2014 en El Magallanes/La Prensa Austral.

*Si alguien considera publicidad a esa película la foto en esta columna, seguramente no leyó el texto ni llegó a leer esta línea. De todos modos: no he visto, ni pienso ver “She’s out of my league” 😉

 

 

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