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Me imagino a un pequeño duende gritando a todo pulmón, inaudible, dentro de un frasco, cada vez que alguien reclama por la objetividad de los medios de comunicación.

Cientos de años de epistemología han debido transcurrir, pero la mayoría parece no haber recibido la noticia de que la objetividad vale hongo. Y ni siquiera hablo de un nivel tan ingenuo como la pretendida para el periodismo, si no que hablamos de la posibilidad de separar objeto y sujeto en términos epistemológicos básicos, incluso biológicos.

Hace años que muchos utilizamos la palabra puesta muy entre comillas, absolutamente en condicional, y solo cuando realmente el contexto lo amerita. Pero a mi humilde parecer, la imposibilidad de hablar de objetividad no es un problema per se, ni algo que impida a los medios de comunicaciones cumplir con su función, sino tan solo un punto de partida, un contexto de posibilidades:

Creo que no es necesaria la objetividad, pero sí creo que es dañina su promesa y su pretensión. Es muchísimo más productivo, en mi opinión, transitar entre subjetividades y plantear la propia.

Es mucho más productivo, manifestar explícitamente las intenciones y los marcos de pensamiento. Podemos mostrar a otros nuestro pedazo de observación de realidad, y podemos obtener aquello de lo que leemos. Así, a través de un diálogo personalizado, con firme editorial, podemos generar entendimientos y discutir realmente sobre las cosas de forma humana.

La falta de cobertura que ha tenido la movilización de profesores en la pasada semana no es un problema de objetividad de los medios. Es un problema de ética periodística. Pero el mayor problema, es pretender esa objetividad en los grandes medios, los cuales tienen más compromisos económicos que variantes existen para el uso de la palabra “pedo” en el léxico argentino.

La gracia es que no hay necesidad de objetividad para estar informado, hay necesidad de pensamiento crítico y de saber dónde leer/ver/escuchar. Verá usted que dentro de cada medio de comunicación hay también plumas diferentes, algunas con mayor credibilidad que otras. Pero al final del día, la realidad social jamás puede ser un objeto estático que se pueda describir sin cuidado: ésta exige una postura, exige un análisis intencionado, y el lector debe exigir honestidad e integridad en este ejercicio. Exigir objetividad es tan improcedente como improductivo.

Y encuéntrese usted hoy leyendo esta columna. En ella no ha encontrado más que MI opinión, limitada y personal, y mi mirada del mundo. De hecho, es mi esfuerzo expresarme siempre de forma tajantemente subjetiva sobre cada tema. Ahora verá usted si ésta le parece digna de leer otro domingo más, o una tendenciosa basura. Pero objetividad, aquí, jamás.

——

Texto publicado originalmente el domingo 23 de noviembre de 2014 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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