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A veces me pregunto si tal vez este bien lo gozarán todos los pares humanos; el de adaptar el idioma oficial del territorio a su antojo, para comunicarse de cerca en una lengua nueva. Tal vez, así surge todo nuevo léxico, como una red de diálogos entre dos enamorados.

¿Por qué no habrían de vivir dos personas de esta forma, modelando una perspectiva propia del mundo en el ámbito privado? Disponiendo la realidad de forma que se acoplen los hechos con sus sueños, y tratando de hacer valer cuanto puedan esta vida que, más allá de las consideraciones espirituales, opino que siempre rinde considerarla única.

Las estadísticas parecen engañarnos al respecto, porque vista de cerca, ¿acaso existe algo más improbable que dos personas que se encuentran? La vida de a dos es infinitamente compleja, entrelazándose dos historias diferentes, mezclándose de diversas formas varias familias, conjurándose híbridos entre distintas microculturas, acoplándose suave y difícilmente dos caracteres.

¿Acaso hay algo más improbable que congeniar así tanto? Que encontrar a esa persona que es amiga del alma, que guarda siempre la conversación más animada, que esconde cada día los tesoros más apasionantes, qué porta una belleza magnífica, rara, única, universal, pero al mismo tiempo absolutamente específica y personal. Que está siempre calientita. Cuyo corazón es calmo refugio. Que tiene unos ojitos que podrían juzgarse responsables del derretimiento de hielos polares. Que es madre para mi hijo.

¿Acaso no daría todo esto el derecho, la gracia, el privilegio de inventar juntos un nuevo idioma? ¿Acaso no es esto motivo de permanente celebración? De vivir la vida como un juego, de querer cambiar el mundo tan solo cambiando nosotros dos, de juzgar la felicidad como el camino, más que como el objetivo.

Y usando palabras inventadas, apodos inconducentes, transformaciones de verbos, sinónimos y adjetivos, que no quiero reproducir aquí, yo amo profundamente a esta mujer. Y me pregunto si a otros les ocurrirá tal cosa. La estadística me dirá que tal vez sí, pero yo lo encuentro la cosa más improbable: el amor es realmente un pequeño milagro.

Te amo, Solcito.

——

Texto publicado originalmente el domingo 25 de enero de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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