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Con mis abuelos el pasatiempo favorito siempre es mirar fotos de años anteriores. Fotos con mis hermanos cuando chicos, fotos con mis viejos, fotos de ellos cuando chicos, fotos de mis abuelos, de sus familias, de sus primos, sus tíos, y sus padres. De cuando fueron a ver a esos parientes que no veían hace tiempo. Fotos de ese pariente del que uno solo sabe por fotos. Fotos de aquel viaje. Fotos de pegas anteriores. Fotos de fiestas, matrimonios y nacimientos. Fotos no muy viejas, pero que hace rato no mirábamos. Fotos de mi abuelo que partió hace tan poco, y que extraño tanto.

Y me pregunto si no será que a veces los recuerdos los armamos de pedazos difusos de memorias, olores y sonidos, junto con fotos viejas. O tal vez algunos sencillamente de fotos viejas, y más encima ajenas. Me pregunto si en aquella foto habrán posado todos forzadamente para salir sonriendo. Me pregunto por qué tenemos la tendencia a hacer retratos con poses sonrientes, cuando supuestamente con las fotos queremos inmortalizar personas y momentos. Me pregunto si acaso no es la toma de una foto sonriendo, en sí misma, un recuerdo legítimo, un momento para inmortalizar. Tal vez…

Me pregunto cómo será para mis propios nietos ver fotos de nosotros hoy. Del Ignacio cuando chiquito, de mi incipiente calva que luego aparecerá como un simpático recuerdo del tipo “cacha, cuando el Nico todavía tenía pelo.” Me pregunto cómo será vivir en una época en la que tienes imágenes de alta resolución de tus antepasados; digamos, yo he visto una que otra imagen de uno que otro tatarabuelo, pero ya es forzar el asunto… ¿mis nietos leerán las tonteras que subo a facebook? ¿Leerán estos breves desvaríos dominicales algún día?

Me dan ganas de tomar más fotos, la verdad. Me cuesta, porque soy de los que afirman que cuando vives lindos momentos, más vale vivirlos sin una cámara de intermediario. Y me pregunto, de cuántos recuerdos construidos en base a fotos ajenas le estaré privando a los que vienen. Me pregunto si, en cambio, tomando mucha foto ya nadie las verá nunca, perdiéndose cada una en un mar de imágenes repetidas hasta la irrelevancia.

Me pregunto cómo será haber vivido tan cerca del comienzo del siglo pasado, y seguir haciéndolo hoy. Cuánto ha cambiado. Me pregunto cómo será para mí más mayorcito, sentarme a mirar fotos viejas con los que vienen. Si todavía sentiré un leve nudo en la garganta, al mirar –y entonces mostrarles- fotos de mis queridos familiares, entonces sus antepasados.

Si también ellos pensarán que era tan extraña la vida por estos días, y que todo parece haber cambiado, al mismo tiempo siguiendo básicamente igual. Si ver fotos viejas les despertará a ellos preguntas de este tipo.

La verdad, añoro la próxima que nos juntemos a hacer algunas fotos nuevas, antes de pasárnosla desempolvando viejos álbumes.

—–

Texto publicado originalmente el domingo 1 de febrero de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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2 pensamientos en “Fotos viejas

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