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Me dirán amargado. Recién leí un artículo muy interesante, en el que se hacía una contra-crítica a las numerosas críticas que ha recibido “50 Sombras de Grey” desde que se convirtió en un best-seller y, en particular, ahora que salió la película. En realidad, a ésta y otras obras de cariz similar, como la saga “Crepúsculo”, que reciben el mismo tipo de críticas.

La autora del artículo argumenta que estas obras se vuelven un blanco fácil de críticas descarnadas, especialmente por el público que más concentran (mujeres y/o adolescentes), lo cual constituiría en sí mismo un tipo de violencia simbólica muy común: el desprecio social por los intereses, gustos y “sueños” de mujeres y/o adolescentes; léase telenovelas, “cursis” historias de romance, revistas de jovencitas, Hello Kitty (¿?), y un largo etcétera.

Y le encuentro mucha razón. Es cierto. Mi mujer puede encontrar legítimamente ridículo que yo salga en la madrugada del día de los enamorados a andar en la moto que me tiene “enamorado” (según, confieso, dije textualmente al volver en la mañana a la casa), pero a fin de cuentas, mi hobbie, mi interés, mi dedicación goza de una validación social que jamás han tenido las teleseries donde la joven empleada doméstica y el “patrón” se enamoran y se escapan juntos a cumplir todos sus sueños, y viven felices para siempre. Las fantasías “femeninas” –no digo que sea la fantasía de todas; ¡lo pongo entre comillas!- son ridiculizadas constantemente.

Sin embargo, tal como pienso que no me convierte automáticamente en un “vejete” quejarme por la paupérrima calidad musical y las horrorosas letras de la música que escuchan muchos jovencitos hoy en día –en particular el reggaeton-, creo que la crítica a la obra sigue siendo necesaria. Porque la dinámica es la misma de siempre: la mujer, torpe y sumisa, es rescatada por el hombre todopoderoso. Él da sentido a su vida, a través de una relación francamente asimétrica, en la que ella tiene por gracia de él, ella aprende a gozar porque él le muestra parte de su mundo, etc. En el caso actual, a través de un personaje que –como si fuera una caricatura intencional- es patológicamente dominante.

“Se están burlando de los sueños y fantasías de millones de chicas en el mundo” dice la autora. Pero ése no es el punto de la crítica: los sueños y fantasías son legítimos. El asunto es pensar en por qué están ahí, con esa forma, los sueños y fantasías de tantas chicas en el mundo. ¿Por qué se vuelve tan atractivo este personaje?

Pienso que el panorama va cambiando de manera importante, y cada vez más las niñas, adolescentes y mujeres tienen más claro que estas asimetrías no son simplemente dadas y naturales. Sin embargo, me parece importante persistir en una mirada crítica a la forma que toman nuestros sueños. ¿Qué dice ello del contexto en el que crecemos y vivimos? ¿Qué dice de las relaciones que observamos a nuestro alrededor, y que pasamos a reproducir en nuestras relaciones?

Mientras siga escuchando “el motivo fue un ataque de celos” en otra noticia más de un horrible femicidio, como si los celos fueran un motivo para matar, como si acaso pudiéramos siquiera esbozar que por “pasión” una persona puede sentirse con derecho a determinar la vida de otra, sostengo que motivos hay suficientes para profundizar en cómo nos relacionamos hoy hombres y mujeres, y qué estamos transmitiendo a los que vienen.

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Texto publicado originalmente el domingo 22 de febrero de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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