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globo

Reconozco que me haces falta. Quise escribir otra cosa, sobre cualquier cosa, pero no puedo pensar con claridad en nada más, y siento que me negaría tu importancia. Te he llorado tanto, Amandita. Desde la distancia física, te he llorado. Desde tener que trabajar, te he llorado. Desde tener que manejar el auto, con los ojos rotos, cuando salimos apurados de ver aquella difusa imagen que hace solo unas semanas mostraba tu suave latido, que ya no estaba más. Simplemente de que el mundo siga girando, te he llorado.

De que nuestra ilusión siguió intacta, días, semanas después de tu partida. De que mi torpe corazón no asimila bien el golpe todavía, pero aun así ya te he llorado tanto. Te soñé, Amandita. Te vi y te veo en cada pequeñita. Te vi en ese globo morado, flotando por la calle solo, esa tarde en la que salí a hacer dormir la siesta a tu hermano en el auto. Lloré aunque no sabíamos todavía nada, y, luego sequé las lágrimas y pretendí que el temor era solo un mal sueño.

Despierto algunas mañanas pensando que todo fue un mal sueño.

Pero te lloro porque te amé. Porque Maturana explica que lo constitutivo de la vida humana es ser amado, y no tal o cual fase del desarrollo embrionario. Y yo le creo a Humberto, porque yo te amé y así te hice real, te hice querida y soñada, te di una forma imaginaria, pero sobre todo un lugar junto a nosotros. Soñé que éramos cuatro, y que tendrías la mejor mamá del mundo. Un hermano genial, que es divertido y amable, y que algo brusco al principio, también te amaría mucho.

Ya no estás, Amandita, pero de algún modo siempre estarás conmigo. Si debiste partir tanto antes de tiempo, lo voy a aceptar de buena gana. Tendrás tu cierre, pero solo quería dedicarte estas líneas. Que sepas que despertaste en mí mucho amor. Mucha ilusión. Mucho cariño. Que te esperé, pero no tendré la patudez de obligarte a venir. Que a la larga lo entenderé, y que jamás te retendré en la pena. Me regalaste ya tanto, solo con verte como una manchita gris, con tus pequeños latidos, con solo imaginarte y añorarte. Te lloré, y capaz en alguna otra noche, escuchando a Cat Stevens de nuevo, te volveré a llorar. Pero solo quiero que sepas, sobre todo, que te amé.

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Texto publicado originalmente el domingo 22 de marzo de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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4 pensamientos en “Te amé

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