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Soy de quienes gustan de leer que “en la cámara estamos discutiendo puras huevás”; obviamente no por el hecho mismo, sino por la honesta denuncia. La “clase política” se ha cavado un hoyo tan hondo, que ya no sé si les conviene intentar salir de ahí , o resignarse a seguir hasta aparecer por el otro lado. Capaz es más corto el camino…

Discutir respecto a cuándo, y protagonizada por quién, fue la génesis de esta progresiva debacle, va perdiendo interés para mí. Nuestros honorables representantes ya tan desapegados de la realidad se encuentran, que no logran siquiera responder adecuadamente a los cuestionamientos públicos, y a las demandas por transparencia y juicio formal que exigen los últimos grandes escándalos. Cuando ni siquiera para humildad alcanza.

Aquí, Boric acierta: reconocer con honestidad el desastre es el primer paso para hallar soluciones. Pero la práctica común es la opuesta; la del mecánico chanta -otro personaje en abundancia y visibilidad en esta angosta tierra, déjenme hacer la queja al voleo- el que sabe que está dejando la grande en el motor, porque luego de armar le sobraron piezas; ni sabe bien la magnitud del problema pero sabe que de hecho existe. Pero para que no le echen la culpa y tener que hacerse cargo de algo que estuvo siempre por sobre su cabeza, entrega la máquina con una limpiadita, y trata de olvidarse pronto del asunto.

Un buen amigo tuvo su moto parada un año, acumulando polvo y desinformación en su tránsito por tres fulanos que se precian de mecánicos. Al final el cablecito malogrado lo arregló una nueva mirada, sobria y humilde …Pero el vehículo depreciado y el golpe económico de todo esto obligó a venderla barata y pronto. Creo que me van entendiendo la metáfora.

La solución a la crisis de legitimidad no es lograr consensos y acuerdos, valorar las instituciones, ni nada de esa mierda que tanto dicen los presidentes de partidos más cuestionados para evitar “hacerle daño a la democracia”. Mírense bien en el espejo: las instituciones son respetadas en este país, todos amamos suficientemente la democracia, y su cargo sigue siendo tan honorable como siempre; son ustedes los que tienen que irse para la casa.

Ojo con la retórica: La solución no es un cohesionado sindicato de mecánicos; es que sepamos distinguir al capaz del chanta, y que el chanta no meta las manos en otro motor.

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Texto publicado originalmente el domingo 12 de abril de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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