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pullmancartoonwbUno vive en “la isla” desde siempre, entre viñas y pasos de agua ha crecido, y ha labrado su devenir haciendo pegas de todo tipo. Especialista en electricidad y mecánica automotriz, en realidad hace de todo: trámites urgentes, cortes de pasto y poda de árboles, limpieza de acueductos, instalación de salamandras, mantención de piscinas y construcción de casi cualquier cosa. Conoce la zona y conoce sus frutos, sabiendo cuándo y qué se puede plantar, dónde y por qué. Vive en la entrada del condominio, en su casa de auto-fabricación, y algunos lo piensan “cuidador”. Coincidentemente, esos algunos no son de su agrado, me ha confesado.

Otra promete fechas que es incapaz de cumplir. Está tapada en encargos. Contesta el teléfono apurada y de mala gana, utilizando algunos recursos estilísticos del “buen trato” en un desorden imposible de replicar a propósito, con la importancia que se le atribuye comúnmente al sitio donde se escupen semillas de fruta pequeña. Envía a su hermano menor a hacer las instalaciones de sus trabajos por unas 10 lucas que probablemente comparten. El cabro trae las herramientas justas como para no tener lo necesario para la instalación, y no sabe manejar el taladro mejor que un dueño de casa promedio. Llega dos horas tarde, y tarda dos horas más de lo estipulado, sin pedir disculpa alguna.

Otros realizan tácticas de ahorro de dinero que rozan en lo increíble, para poder subsistir. Él es profesor; pasa todo el día en aula, en una escuela de alta vulnerabilidad, para llegar tarde a la casa a corregir pruebas y preparar clases. Ella trabaja en casa, dedicada 100% a la crianza y educación de sus hijos. Pese a sus esfuerzos de ahorro, finalmente la mayor parte de los bienes que consumen son de origen chino. Aquellos bienes han ingresado al país, enviados desde el otro lado del mundo, a precios que resultan demoledores para la oferta alternativa. Resulta difícil imaginar cómo un par de zapatos, con todas sus partes presenten, tenga un costo tan bajo. Pero ello se explica por las condiciones de trabajo extremadamente paupérrimas a las que son sometidos quienes los producen, a miles de kilómetros de nosotros. Ellos se integran así, sin poder evitarlo, en una terrible y multinacional cadena de explotación laboral.

Simplemente algunos breves instantes de historias de trabajadores reales, como tantos otros, descritos con el sesgo mío. Trabajadores que en distintos campos, con distintas historias y circunstancias, construyen todo cuanto hay de humano. Porque uno trabajará para poner pan en la propia mesa, pero es que es tanto más que eso; sin la interacción entre seres humanos, sin el esfuerzo, la dedicación, el afán, las ideas, las conversaciones, el sudor, el empuje, el artificio, no habría absolutamente nada.

Otro “Día del Trabajo” para recordar cómo tantos han sufrido por la reivindicación de algo tan básico como tener un horario laboral decente. Otro día para valorar el trabajo propio y el de otros.

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Texto publicado originalmente el domingo 3 de mayo de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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