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No hay propaganda más efectiva y duradera que la guerra. Solventados siempre sus oscuros motivos con alguna causa nacionalista, sus efectos devastadores no hacen sino perpetrar sus públicas justificaciones. Y resultaría injusto dirigir la crítica y la duda a quienes llevan las armas. Quienes llevan las armas, desde tiempos inmemoriales ya no son más quienes mandan la guerra. La lección más clara son los países que desarrollan su historia y mitología a través de una eterna guerra: Estados Unidos, por ejemplo, con sus filas rellenas de inmigrantes modernos, y norteamericanos de bajo nivel socioeconómico.

Afortunadamente, Chile no es un país guerrero. Pero sin duda que las batallas que tenemos pueden ser utilizadas una y otra vez para animar los discursos más obstinadamente nacionalistas. Y me temo que este 21 de mayo, día de las glorias navales, no logra ser la excepción.

Hace algunos años que han reaflorado más agudamente las reivindicaciones territoriales de nuestros países vecinos del norte. No es mi lugar, ni es la ocasión ésta, para entrar en detalle respecto a sus fundamentos y motivaciones, aunque sin duda que se puede mencionar que así como toda reivindicación territorial, éstas han servido como líneas discursivas para aglutinar un poco los ánimos.

El problema es que acá también han rendido, y especialmente un día como el que conmemora al combate naval de Iquique, para sacar una de nuestras peores caras. Gente que el resto del tiempo parece de lo más razonable, hablando de ir a guerra con nuestros vecinos como si se tratara de un partido de fútbol.

Afortunadamente no somos un país en permanente guerra, pero tal vez eso mismo le ha impedido a muchos darse cuenta de la realidad de ésta: familias, pueblos y ciudades destruidas, miles de personas que no vuelven jamás, o que lo hacen con pérdida de miembros y sensación de realidad. En Estados Unidos ya van formándose las nuevas generaciones de “veteranos”, olvidados ahora los de Vietnam en la pobreza y la locura, asediados por el trauma físico, psicológico y social de la injusta guerra.

Y lo que el soldado pretende defender con su vida y honor, ¿riqueza y fruto de quién es realmente?

Resulta injusto dirigir la crítica a quienes llevaron las armas en la batalla que se conmemora el 21 de mayo en Chile. Y no es ésa mi intención. Mi propuesta es que hoy la gallardía y el coraje se empleen de forma inteligente y pacífica, en pos de mejorar nuestra vida y la de nuestros vecinos, y en una lucha contra las injusticias que nos son internas, tan propias y nacionales: la desigualdad de oportunidades, la discriminación avalada por ley, la falta de empatía y respeto entre conciudadanos. Que si nos vamos a agrupar en torno a un enemigo, que sea la incapacidad que hemos tenido como país, de asegurarle a cada chileno una vida digna.

Por lo demás: Métanse su huevá de guerra en la raja.

Sexual Democracia dixit.

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Texto publicado originalmente el domingo 24 de mayo de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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