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La verdad es que esa célebre frase de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece me llega siempre con algo de amargura. Una frase que aplica no solo al sistema político, sino también, por ejemplo, a los medios de comunicación. Es que uno suele sentirse, como he mencionado en alguna oportunidad, una especie de último sobreviviente representante de la moral y el buen sentido…aun en contra de claras pruebas. Va en eso de ser el jovencito de la propia película, supongo. Entonces dan ganas de preguntarse, ¿acaso me merezco yo esta programación estupefaciente/esta prensa tendenciosa/ esta sobreabundancia de realities y teleseries turcas?

Bueno, y tal vez no. Tal vez efectivamente no me lo merezco yo, ni usted.

En casa no funciona la tele, ni he movido un dedo para corregir esta situación; no me interesa mucho el fútbol. Y tengo amigos que comparten intereses que a mí sí que me interesan, despotricando a diestra y siniestra –como yo tantas veces lo he hecho- en contra del monopolio mediático que ostenta el balompié por estos días, especialmente cuando en paralelo a esto, hay deportistas chilenos de alto rendimiento, consiguiendo logros en sus disciplinas que pasan totalmente inadvertidos. Y el paro de profesores, y SQM, Penta, y… Bah, pero el mismísimo “Rey Arturo” maneja curao y choca: tema país. Jodimos.

En medio de los reclamos de unos, la efervescencia de tantos, las ganas que tienen otros de diferenciarse de esta “masa”, no puedo dejar de recordar la vapuleada confesión de la Presidente Bachelet, cuando comentó haberse enterado por la prensa de los meteóricos negocios de su hijo y nuera. El país la criticó y se sigue burlando de esa frase, pero cada día me resulta una frase más honesta y humana: es que, ¿acaso no padecemos todos de un grave caso de mediático-centrismo?

Sin importar la cantidad de oficinas regionales de servicios nacionales que tengamos, alegamos que “no se habla” de lo que sucede con la catástrofe que se vive en nuestro pueblo, porque no aparece en horario prime en la tele. ¿Necesitan que salga en la tele para hacer algo al respecto? Realmente, pareciera que sí. Alegamos porque el Ferrari de Vidal ocupa más tinta y papel que las demandas legítimas, urgentes y necesarias de los profes. Pero, ¿necesitamos que esto esté en primera plana para conocerlo y darle importancia? Pareciera que sí. Alegamos porque todos siguen a un equipo de “cagones” (no son mis palabras) que “no le han ganado a nadie”, cuando tenemos deportistas de elite en otras disciplinas, que con esfuerzo propio representan a Chile en el más alto nivel, y a nadie le importa. ¿Es necesario ver esto con grandes imágenes en diarios de alta circulación nacional, y canales abiertos para que sus logros tengan valor? ¿Acaso no lo tiene?

El problema es que la sociedad es el cúmulo de las comunicaciones; la hacemos todos. Los que preferimos los motores al fútbol. Los santiaguinos y los magallánicos. Los que no consumimos farándula ni vemos teleseries, y los que aman al Sultán y no pueden creer que Vidal lloró en conferencia de prensa. La miopía y limitación de los medios de comunicación es evidente y lamentable, pero personalmente encuentro tanto más lamentable nuestra dependencia de que se nos entregue en bandeja, día tras día lo que debemos observar, sentir y pensar. ¡¡Que las redes sociales, por ejemplo, sean un maldito reflejo de la tele!! El llamado “quinto poder”, donde el flujo de conversaciones debiera estar guiado por lo que concentra genuinamente nuestro interés, ¿o no es así? Hoy opera casi como otro medio de comunicación masivo.

¿Va usted, paga su entrada, se suscribe a informativos de otros deportes? El fútbol está donde está porque el fútbol vende. Porque miles pagan de su cansado bolsillo para consumirlo en la cancha, en los canales específicos de deportes, en los suplementos deportivos, etc. Y quizá me parezca más elevado el motociclismo…pero las carreras de motos suelen lograr todo lo contrario a sacar a alguien “milagrosamente” de la pobreza, y jugar a la pelota está tanto más a la mano, qué le vamos a hacer.

Si somos buenos para quejarnos –lo cual exige una identificación de aquello que nos disgusta: un paso importante-, hagamos algo al respecto. Movámonos por lo que nos interesa. Démosle tiempo y dedicación, compartámoslo con nuestros conocidos. Si hay cosas más importantes que la Copa América, bueno, hablemos de eso. Pero si prefiere dejar la tele prendida, no espere que otro lo haga por usted, porque ¡silencio! ¡está empezando el partido!

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Texto publicado originalmente el domingo 21 de junio de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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