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A menudo soy testigo de la opinión –manifiesta o implícita- de que esto de la “crianza respetuosa” y en libertad, y de la búsqueda de alternativas pedagógicas para los niños, son asuntos burgueses, problemáticas primermundistas a las que uno puede acceder recién teniendo resueltas carencias que son tan comunes y profundas en Chile. Que es irse al detalle. Es un lujo.

Estoy completamente en desacuerdo.

El sistema coopta todo, y convierte en consumo de productos y “estilos de vida” hasta las energías más frescas y críticas, nacidas en lo más recóndito. Pero eso no es tanto una debilidad del argumento, como una característica del actual modo de vida. Incluso, siendo algo optimista, estos fenómenos resultan en que ciertas ideas progresistas caigan en manos de un público diferente. Así ha ocurrido con la serie de productos relacionados con el porteo de bebés, la lactancia materna, cunas especiales para el “colecho”; establecimientos educacionales maravillosos e impagables donde los niños pueden aprender en libertad, pero que resultan tanto o más segregadores que el tan podrido sistema regular; en fin…

Tal vez un ejemplo complicado, pero hace mucho ya que el Che Guevara se convirtió en un slogan de polera tan extendido como la “lengua” de los Rolling Stones, pero no por ello su historia pierde valor e interés. Es fácil caer en la trampa, no obstante, y ser uno mismo cooptado: en la forma de un conformismo gris, que es lo más funcional que puede existir para esta organización de la escasez. En un apego a “la realidad”, que no es otra cosa que la maquinaria que produce y reproduce toda la violencia y la carencia social y ante la que supuestamente queremos levantar la frente.

Es fácil rechazar estos “lujos” de la consciencia, porque efectivamente exigen al interesado el enorme esfuerzo de desafiarse a sí mismo, y modificar su forma de vida desde los aspectos más materiales, a los más espirituales. Pero no se engañe; en la búsqueda genuina de cortar con las cadenas de violencia y desamparo en las que han vivido los niños históricamente –niños que ahora son abuelos, que somos padres, y los niños que vendrán- está el germen profundo de lo más radical: la posibilidad de un mundo diferente.

No es necesario un carísimo set de juguetes de madera perfectamente pulidos; pero tal vez sí es necesario que nuestros hijos exploren en materiales más ricos y complejos. Tal vez eso que es perfectamente gratis, la presencia de árboles, rocas, agua y animales, se ha convertido en algo lujoso, desde que vivimos encerrados en selvas de cemento. Pero dirijamos bien la crítica, entonces, ¡y no nos ensañemos con las plantas!

Que cuesta pasar todo el tiempo que queremos con nuestros hijos, y también trabajar para pagar las cuentas. Pero eso no dice nada sobre lo valioso de la cercanía con los chicos, ¡sino de la porquería de sistema laboral, y la falta de garantías y espacios que percibimos en él! Que se joda la bolsa de Londres, que los humanos seguimos siendo tan mamíferos como siempre, y necesitamos estar cerca de nuestra madre en los primeros años.

Que quién tiene plata para mandar a sus hijos a ese colegio “hippie” para que aprenda a tocar un instrumento y pintar con acuarela, si capaz después ni le vaya bien en la PSU.  Y éste es el punto de vista que más me apena y me aterra, de ver conocidos y amigos a quienes estimo intelectualmente, caer en la trampa del maldito sistema educativo con sus hijos. Ese sistema cortador de ideas, autoritario, limitado, gris, sombrío que tanto criticamos, ahora nos obliga a estar pendientes de que el cabro haga bien sus tareas, y que se porte bien, y que capaz convenga llevarlo al psicólogo porque no anda poniendo mucha atención…y las notas…, y basta. Dejarse enlodar por esto debe ser la forma más baja de vender los ideales.

A lo largo del país están surgiendo iniciativas que no buscan convertir a lo más preciado de los primeros años de vida en un negocio. Hay que buscar, preguntar, o por último moverse para crear uno mismo. Esto no es un estilo de consumo, una moda, una cuestión “cool”; la búsqueda en materia de crianza y educación es crucial para el futuro. Reunámonos, discutamos, formemos grupos, ¡cuestionemos lo dado!

Quienes persigan un cambio, soltando una utopía centrada en el bienestar espiritual del ser humano, en favor de ser “más realistas”, de cambiar “lo estructural”, de “dar vuelta la tortilla”, por mí pueden formar una gran coalición política junto con los demás dinosaurios de diverso color político, que no van a desteñir para nada en la foto.

Necesitamos, en cambio, soñar, perseguir un cambio esencial. Recordar que los humanos tenemos la cualidad –y la responsabilidad- de poder crear nuestro mundo.

—–

Texto publicado originalmente el domingo 30 de agosto de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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4 pensamientos en “Asuntos burgueses

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