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El pasado miércoles 23 de septiembre, la metrópoli puntarenense pudo dormir en paz. Al menos, por los momentos en que duró la impresión del fuerte impacto propinado al narcotráfico magallánico, luego del heroico hallazgo de casi una decena de plantas en el entretecho de una casa.

Dichos vegetales, celosamente cuidados de las inclemencias del clima austral, así como de los atentos ojos de la ley, crecían en un ambiente controlado bajo un sistema cibernético cuya tecnología de avanzada harían creer que se trataba no de un hogar común y corriente, sino del laboratorio de algún desquiciado bioquímico especializado en la botánica del demonio, seguramente temible, y presumiblemente malvado y sociópata. El hecho de que todo esto tuviera lugar “puertas-adentro”, también permite presumir que se trataría, al parecer, de un cultivo “in-door”.

“Parecía un buen muchacho” –nos comentó un vecino, al ser consultado tras la noticia. “Pero sí, ahora que sé de esto, pienso que cuando estaba con sus amigos en casa, se morían excesivamente de la risa mirando los Simpsons. Yo he visto los Simpsons, y no los encuentro ni graciosos. Son todos amarillos. Los repiten demasiado. Es que ya no hay buena televisión por las tardes.”

El impacto en la comunidad es evidente. Aunque no todo es positivo; Gerardo, dueño del almacen de la esquina, reporta una significativa reducción en sus ventas de golosinas. “No vinieron más por aquí”, se lamenta. Mismo efecto han registrado dependientes del local 24H en la estación de servicio cercana, donde se acumulan los “completos” sin vender.

Cuentas alegres sacan otros, en cambio. Pudimos conversar con el presidente de la asociación de importadores de drogas duras, marihuana prensada, y mezcladores de yerba con caca, la ASIDROMAPRECACA, quien quiso mantener su identidad en secreto, pero no disimuló su satisfacción: “Un gran golpe se ha dado, el desorden en el rubro se vuelve a ratos excesivo. Hoy en día, cualquiera pretende cultivar lo que quiere en su casa y fumar tranquilo, sin consultar con nuestra afiatada red de distribuidores. Estamos muy contentos” –continuó, no sin antes cuidar su resfriado bebiendo un gran vaso de whiskey y limpiándose la nariz con un billete de alta denominación.

¿Será éste el fin de los cultivadores clandestinos? Es difícil decirlo, pero la evidencia es desalentadora, apareciendo cada día más personajes públicos, gente común y corriente, estudios con respaldo científico, y ciudadanos funcionales y respetables en clara defensa de un consumo moderado, del uso medicinal y del auto-cultivo de marihuana.

Mientras tanto, en algún lugar de Punta Arenas, alguien mira atónito el incesante dar-vueltas de una lavadora de ropa con carga horizontal, o escucha con inusitada atención cada matiz y vicisitud harmónica del “Dark side of the moon”, y no puede concebir que exista una mejor banda en la tierra que la británica Pink Floyd, ni que exista la posibilidad de que “cuando compusieron esta huevá no estuvieran todos volaos, locoooo”.

Gran desafío tiene aún el imperio de la Ley.

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Texto publicado originalmente el domingo 27 de septiembre de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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