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Flaquito lindo, tus ojitos cerrados todavía, durmiendo después de un largo día de fiesta.

Vinieron tus amigos a compartir contigo, a saludarte, abrazarte y desearte una linda entrada a una edad que la mayoría de ellos ya vivieron. A jugar contigo, y entregarte su apreciación al haber venido a jugar aquí, y al escribirte tan lindas tarjetas. Fue genial tu carita de sorpresa cuando llegaron los primeros invitados. Que buena parte de la familia ya veías que iba a estar, pero de pronto llegaron el Dante y la Rafita, y me imagino que dentro tuyo calculabas que era domingo, ¡que no era un día de colegio!

Monito precioso, corre otro año juntos. Años que han pasado volando, y al mismo tiempo han sido tan extensos y cargados de experiencias. Cada día me haces recordar lo esencial, cuando me sonríes por la mañana, cuando me usas como cerrito de entrenamiento para tus crecientes habilidades como montañista de riesgo, y luego me convierto mejor en un trampolín desde el cual saltar con osadía a la cama. Cuando disfrutas del jugo y la comida, y tienes gustos tan definidos y específicos, y no te dejas convencer fácilmente de cualquier otra cosa en tu plato. Yo que hago de papá, tengo que servirte un poco de todo, pero te confieso que es tan lindo verte decidiendo firmemente.

Identificas cada pájaro que vuela a nuestro alrededor, y siempre me eliges como asiento, cómodo y reclinable, cuando me encuentras sentado en el suelo. A veces, te acuerdas que tus papás te aman mucho, y te das vuelta de sorpresa y nos haces cariño en la cara. Inmediatamente después, me empujas y te matas de la risa porque me caigo. La “Ela” tiene razón, ¿qué será que es tan gracioso para los hijos ver a los papás caerse torpemente? Creo que la pregunta contiene la respuesta.

Ayer que celebramos tu cumpleaños, me llenó de alegría verte contento entre tus amigos, rodeado de otras pequeñas personitas que te aprecian tal cual eres. Eso es lo más lindo de todo, que cada uno de ustedes es diferente, y cada uno tiene su lugar. Ver que entienden tus señas y tus sutiles mensajes, así como hasta el momento creímos solo hacerlo nosotros. Que valoran tu ánimo, tu alegría y tus enojos, y ya toman como parte del juego tus incontenibles ganas de destrozar sus experimentos con vasos y agua jajaja

Hijo lindo, te veo tan grande. Tu cuerpo se ha estirado, te apareció un cogote, los brazatos logran agarrar cualquier cosa sobre la mesa, y las piernotas te permiten marchar alegremente por este enorme terreno que conoces tan bien. Tus ojos igual de observadores que siempre, te permiten descubrir a cada minuto un mundo maravilloso, que aprecias como tu viejo recién lo aprende a hacer, contando casi tres décadas.

Te veo crecer, y convertirte cada día en esa persona nueva que tú eres. Con tus manitos, tu silencio y tus “mmmm” cuando comes algo que te gusta; tus pies sigilosos y mucho más rápidos de lo que espero, con tu curiosidad de científico, con tu gusto por luchar con tu papá.

No sé qué es exactamente, pero siento que este año has crecido tanto. Veo que ya son cuatro, y confieso que cada vez que me envuelves con tus brazos y piernas, colgado de mí como koala de un eucaliptus, exprimo el momento, sabiendo que esta específica maravilla ocurre ahora, y cuando ya seas grande seguramente la voy a añorar.

Te amo, Ignacio

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