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Con la Sol bromeábamos: ¿Y si dejamos de decirle ‘toalla nova’ y ‘papel confort’?

Se hace raro y siútico, desprenderse de estos nombres tan comunes, anclados en marcas dominantes, para usar simplemente los que aparecen en el diccionario. Bueno, de que aparecen en el diccionario no estoy tan seguro.

De lo que estoy seguro es que el papel es importante en esta vida, pese a los constantes recordatorios que nadie lee de no imprimir un e-mail a menos que ello sea muy necesario. Por cada e-mail no impreso, deben existir tres fotocopias de documentos que podrían sencillamente verificarse en-línea, y con sobreprecio, por llevar la firma de un notario…

El papel es importante, y ahora que intento no comprar “papel higiénico” y “toalla de papel” de las numerosas marcas fabricadas por los grandes coludidos –es decir: casi todas- lo vuelvo a recordar; como cuando uno recuerda lo lindo que es no tener dolor de estómago mientras se retuerce de dolor en el wáter. Lleve gratis otro recordatorio de lo importante que es el papel.

Y resulta que llevamos años comprando papel harto más caro de lo que debería costar. Claro, nadie se había “dado cuenta”, porque está todo tan re caro, que uno se acostumbra a pagar harto por todo. Lo he dicho antes: en nuestra época, el concepto de “ahorro” tiene que ver con gastar menos, no con guardar más.

Dolor de bolsillo. Pero más me duele otra cosa: la relativización del delito. En este caso se actuó bajo formas que definen la “mala fe”, pero algunos son capaces de pedir clemencia. Los mismos que se mandan al rato alguna frase para el bronce respecto a cómo se debe “eliminar las lacras de la sociedad” (léase, seres humanos perpetuadores de actos delictivos más visibles).

Personalmente, ni lo uno ni lo otro. Nadie merece un juicio tan abreviado, sin un debido proceso, y mucho menos morir de la mano de la fuerza de ley. Estamos para mejores cosas las personas, sigo creyendo.

Me pregunto, en cambio, ¿qué es precisamente lo que distingue a unos de otros? Ya nos acostumbramos a decir el cliché “delincuentes de cuello y corbata”, pero si seguimos fomentando el clasismo, racismo y visión limitada de juicios como estos, el reconocimiento del delincuente “bien” no pasa de ser una frase inútil.

El fraude masivo que ha ocurrido en este caso, o con los condenados a clases de ética por el caso farmacias es, si nos vamos a los números, tremendamente mayor al perjuicio económico ocasionado por todos los atracos violentos del período. Ah, pero uno anda asustado con que lo vayan a asaltar en cualquier esquina.

Le concedo eso, supongo. Pero, ¿qué le puedo decir? No me sobra el papel higiénico para el miedo que tengo de que hoy día mismo, en el minuto menos pensado, cuando yo he obrado de buena fe y he tratado de no hacerle daño a nadie, me vayan a asaltar violentamente pagando en alguna caja, sin darme siquiera cuenta. Da cosa salir de la casa por estos días.

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Texto publicado originalmente el domingo 15 de noviembre de 2015 en El Magallanes/La Prensa Austral

 

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