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Para ponerme a escribir sobre esta moto, me siento en la obligación de preparar un buen café.

Vale, es temprano, hasta para escribir de Hello Kitty me prepararía un café. Pero que sea bueno.

La RnineT de BMW, una moto que me despertó curiosidad desde sus primeros anuncios. ¡Tanto más linda -y pequeña- en persona!

Con atención y cuidado -¡lo prometo!-, la empujo fuera del estacionamiento subterráneo, para sentarme sobre su asiento, girar la llave y mirar absorto el chequeo de instrumentos. Ya apagada, la experiencia es especial, pero cuando presiono el botón de arranque, mecagoche qué lindo sonido. El boxeador que lleva por motor sacude todo de izquierda a derecha, mientras las alarmas de los autos despiertan. No suena fuerte, pero suena ronco, grave, como una máquina que es de otro tiempo.

Reconozco que ya me gustó. Tengo una debilidad por los motores enfriados por aire con personalidad de motores enfriados por aire. Éste también porta el necesario enfriador de aceite. Sea dicho que en estricto rigor, todos los motores son enfriados por aire, y que el objetivo es enfriar el aceite… pero el punto es agradecer la falta de cañerías y radiadores. Lo simple es lo bonito.

Sin embargo, mi primera impresión de la moto es pésima. El motor me impulsa rampa arriba para salir a la luz de la calle, con un rugido bellísimo, brusco pero algo refinado. Sonrío como estúpido. Pero pronto me encuentro con que la moto no dobla ni a palos. Se siente, honestamente, como si el tren delantero fuera una locomotora a vapor que tira de un largo carro de carga por curvas demasiado agudas, teniendo que convencer al resto de la moto de que ya es tiempo de girar. Sin doblar con el manubrio, sencillamente no cambia de dirección.

Para ser más precisos: se siente exactamente como una moto con los neumáticos totalmente “a piso”.

Ahora, hablando más en serio y con los neumáticos inflados a mi gusto, pese a los precios inflados del papel higiénico, otra vez mecago, che. Qué maravilla. Como diría un indio americano: “nawirtolkin!”.

Se dice que la BMW RnineT pesa más de 200 kilos. No soy quién para desmentirlo, pero con el manubrio ancho y bastante recto, el asiento relativamente bajo, un centro de gravedad bien plantado, y un chasis muy dispuesto a maniobras, ese peso va desapareciendo rápidamente. Qué ágil. Me corroe una sensación de envidia espectacular: una moto del lujo de ésta, no merece ser tan cómoda y práctica para circular por la calle, entre los autos. No es justo.

Pero es la realidad: va más a gusto en el “taco” que la reina de lo práctico, la FZ6N que acabo de vender. El motor, suave y de respuesta inmediata, y un chasis rígido pero amable, me llevan feliz de la vida.

La postura es un poco extraña, pero va bien. Me recuerda a las Ducati Monster de antaño, diseñadas para especímenes largos de brazos y cortos de piernas. Los pedalines en ésta, no obstante, van más relajados, y el alcance hacia el manubrio es menos extremo, pero hay una clara reminiscencia. Y es que la RnineT no es una naked, mucho menos una streetfighter, sino que calza perfecto en ese bonito concepto que me hace imaginar que voy en un Porsche 911 -¡enfriado por aire!-, o en un Miata, para los más realistas: una “roadster”.

El manubrio -muy al contrario de los semi-manillares que me hubiera gustado ver en esta moto, para vivir plenamente el concepto que yo imaginaba prejuiciosamente- queda perfecto para llevar la moto a buen régimen, yendo rapidito por las curvas, casi sin descolgarse de la moto. Los pedalines, el estanque y el asiento, conspiran a favor: la verdad, la moto se siente fuera de su elemento cuando uno intenta descolgarse para tomar una curva. La moto va más cómoda con el piloto en postura semi-agresiva, pero ubicado en su asiento, a lo “caballero” o al menos piloto antiguo.

Dicho eso, definitivamente no me siento a bordo de una “cafe racer”, como muchos imaginamos al ver las primeras fotos conceptuales de esta moto. Pero mejor que eso, es una moto tanto más versátil, cómoda y útil, que se siente tan cómoda paseando con la última moda en atuendos hipster (supongo…dependiendo de qué tan cómodo sea el atuendo, claro), como siendo apretada en las curvas cerradas y abiertas de nuestra cuesta favorita. Mucho más que una cafe racer -y este efecto acentuado por el pequeño carenado instalado en este ejemplar específico- me siento como viviendo nostalgias vicarias, memorias de otros, en aquellas extrañas pero atractivas BMW clásicas que jamás manejé. Un sabor propio, de todos modos.

Escucho el bramido gutural del motor, y pese al indicador de marcha, no tengo idea en qué cambio voy. No importa. Torque para el desayuno, almuerzo y cena. Me resulta intoxicante la tentación de llevarla a régimen bajo todo lo posible, y experimentar cómo esta extraña batidora me saca de cualquier déficit de velocidad en la nada misma.

El motor me trajo cálidos recuerdos de una Moto Guzzi V11. Cilindrada similar, sacudón lateral similar en bajas RPM, y un sonido de arranque parecido, ligeramente menos refinado. Prefiero el carácter rudo del motor de la Guzzi, pero hay que reconocer que los años no han pasado en vano: acá estamos frente a un motor clásico pero moderno, con 4 válvulas por cilindro y casi 1200cc, que corre harto mejor.

El cardán y el sacudón lateral me son ajenos. Raro en el primer acelerón, y especialmente raro al hacer “blip” de acelerador para buscar que el embrague no rebote bajando marchas. A ratos pensé que la rueda trasera estaba pinchada y se había desinflado repentinamente…cada vez que bajaba marchas. La transmisión es impecable, aunque también se me hace raro que jamás llega el “clank” de poner primera. Pero la primera entra, y es fácil encontrar el neutro… a veces uno simplemente se acostumbra a las fallas, ¿no?

Como venía diciendo: torque. El motor tiene una peculiaridad, eso sí. Tal como la Guzzi, si bien da gusto llevarlo lo más bajo posible, que es donde la estética acústica del motor se ve reflejada en su mejor cara, al subir de RPM el chasis se “compone” mejor. Todo parece ajustarse, y la moto reacciona de forma más precisa a los inputs del piloto. Se pierde algo de belleza de sonido, con un RRRRRRR gutural con menos matices a medida que ascendemos por el tacómetro. Pero la moto va, y de qué manera. Y esta suerte de doble personalidad del motor resulta muy satisfactoria: llegan las curvas, mantenemos un cambio alto, y la moto baila como un elegante tractor. Genial.

Me siento como los viejitos, pero es que sencillamente no leo el velocímetro. Los números son muy chicos, y pronto aprendo que lo importante es saber que “120km/h” está arriba al centro y que pasado eso, a gusto de cada quien.

Casi ninguna lo tiene, pero en un motor enfriado de esta forma, echo mucho de menos un indicador de tº de aceite. El tablero me resulta generalmente aburrido, y con poca información. En una moto civilizada como ésta también echo de menos un indicador de combustible, y el indicador de (in)eficiencia de combustible parece estar en l/100 km, pero la verdad antes de descifrarlo ya dejo de mirar el tablero. Nunca entendí esa medida, de cualquier modo.

No importa, dice la hora, y usa relojes. Con eso ya me ganaron. ¡No al imperialismo digital!, a mí no me importa saber que voy a 131km/h en este preciso instante. Solo quiero tener una idea general y andar atento al tráfico. Lo demás es un dato duro que no mejora ni empeora la pasión por andar, y por algo en aeronáutica se siguen prefiriendo los relojes: sensación y univocidad.

¿Me compraría una?

Es una pregunta tremendamente hipotética. Pero también lo fue el mero probar una, y acá estamos. Reconozco que tuve siempre un prejuicio con BMW, y que mi corazón en bicilíndricas está puesto en las Ducati de los ’90. Sentí que probablemente me estaba subiendo a una moto bien hecha, pero fome.

Nada más lejos de eso. La respuesta es sí. Me encantó. Llegado el hipotético caso, tendría que estudiar bien la factibilidad de meter mano en casa y prescindir lo más posible del servicio oficial, pero ya son detalles. También, al rato me gustaría ir viendo qué raspa primero: dicen que la rodilla toca antes que los cilindros en estos boxer, pero yo apuesto por el escape Akrapovic que monta ésta, y los pedalines… Bueno, en moto ajena, me quedaré con la duda.

Si es lo afortunado de poder ir por una, hágalo. Pero por favor, vístase para caer, no solo para tirar pinta 😉

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