Home

Bueno, naturalmente. No sé quién es usted que está leyendo. Tal y como puede mirar televisión en calzoncillos todo el día, y no se debe preocupar porque la gente de la caja tonta se entere. Y si se topa con uno de ellos en la calle, probablemente cometerá la infracción social de no saludarle.

Pero no me refiero a eso, realmente. Yo no sé nada sobre nadie. Apenas, capaz –y esto no siempre es muy importante- lo que se me cuenta en intimidad con lo que me parece ser un ánimo genuino. Y apenas, qué tanto es eso, yo no sé.

Yo no sé por lo que usted está pasando. Cuál es su temor. Cuál es su anhelo. Su verdadero anhelo. No sé por qué se levanta en las mañanas. Tampoco sé si usted lo sabe.

Pero de pronto las circunstancias de la vida nos ponen en choque, digamos, usted manejaba el carro de supermercado sin mucho cuidado, mientras se agacha a ver si quedan de esas cajitas de papaya en almíbar que se agotan y de repente no llegan más, o qué se yo lo que estaba haciendo pero deja su carro en pleno pasillo, y se arma un silencioso “taco” de consumidores, silenciosamente enfurecidos. Puta el huevón desconsiderado, la gente está cada día peor, ya nadie respeta a nadie, y así como llevan el carro, manejan. Qué gente de mierda.

Tal vez usted sencillamente no se dio cuenta, tenía la cabeza en otro lado. Estaba pensando en que con la subida del arriendo ya no va a llegar a fin de mes. Estaba entusiasmado con llevar papayas para el postre y sorprender a la vieja. Qué se yo. Pero en ese episodio, de pronto, se convirtió en un terrible transgresor. De pronto, ese instante en el que se le va el carro, sirve de prueba para enjuiciarlo como un déspota, con una crónica y continua falta de respeto para con la humanidad. De tener poder, tal vez usted sería un terrible dictador, “menos mal solo maneja un carrito, este desgraciado”.

Valga la exageración, hacemos esto a diario, y juzgamos. Y realmente no conocemos a nadie antes de disparar. Como mucho, vemos a los demás desde nuestra propia escala de prioridades y valores, si es que eso. Lo cual también es un error. Es un falso “ponerse en el lugar”. Lo que hacemos es violento, porque simplificamos al otro; lo convertimos en un pedazo de utilería en el escenario de nuestra vida, donde somos único protagonista.

Pero yo no sé qué camino lleva usted, por qué se levantó esta mañana. Tal vez tenemos mucho en común, o tal vez somos totalmente diferentes. Nada de malo habría en eso. El punto es reconocer su complejidad, su derecho a ser. Y por lo pronto, lo ayudo a correr el carro del pasillo, ¿vale?

——

Texto publicado originalmente el domingo 17 de enero de 2016 en El Magallanes/La Prensa Austral.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s