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Insistiré con esto del feminismo, muy a pesar de varios de mis queridos amigos. Insistiré, porque su urgencia permanece, muy a pesar de la opinión de algunas amigas que niegan su necesidad, porque no sienten ellas el peso del patriarcado sobre las circunstancias de su vida particular. Así como yo no siento el peso del racismo sobre las circunstancias de mi vida particular, digamos, ¿no?

Pero ahí sigue la cosa. Especialmente con mis amigos de izquierda, como bien apuntaba un texto que leía hace unos días: si vamos a denunciar la desigualdad y las lógicas de dominación en una esfera, ¿por qué no podemos hacerlo en todas? Como si diera lo mismo.

Y me preocupan, más que los acérrimos machistas, los que restan importancia al problema. Porque un humanismo no basta. Volvamos a los machistas de izquierda: ¿acaso no es ideológico pretender que el campo económico es uno plano, donde en principio todos tenemos las mismas posibilidades? Claro que lo es. Como es ideológico pretender que el problema con las mujeres es que no se “creen bien el cuento”, especialmente las que están “pegadas con el feminismo”, o como afirmaba un amigo que dejó de serlo hace un rato, si se pusieran a trabajar duro en vez de dedicarse a alegar tanto por el patriarcado, saldrían adelante…

Hombres y mujeres somos diferentes, y eso me hace entender a ratos porque para algunos no es tan evidente la violencia del piropo callejero. Dicen que les gustaría sentirse así, piropeados por “chiquillas” mientras caminan por la calle. Pero intentaré ilustrar el problema: afuera está oscuro. Voy a salir caminando, y voy a recorrer varias cuadras. No temo que me roben, para ser honesto. Pero lo que ni siquiera se me pasa por la más loca de las imaginaciones, es que me violen en el camino. ¿Cierto? En cambio, pregúntele a sus amigas acerca de este escenario…

Y hablando de humanismos, para los que dicen que esto es innecesario, quiero también tocar este punto. Por una parte, el feminismo no es un hembrismo. Ésa sí sería la contracara para el machismo, un mundo donde la lógica de la hembra permea todos los ámbitos; donde las necesidades masculinas son invisibilizadas, su cuerpo es mutilado y convertido en objeto. No conozco personalmente a ninguna mujer que aspire a tal cosa. El feminismo, en cambio, es la reivindicación de lo femenino, de lo invisibilizado, de lo objetivado, para lograr algo más parecido a igualdad de géneros, respetando las diferencias.

A mí personalmente, la situación actual me parece grotesca. Y creo que va mejorando, de la mano de nuevas generaciones, que algo mejor van comprendiendo, pero falta muchísimo, y no tiene por qué haber paciencia al respecto. No se puede esperar por la igualdad.

Solo le pido al que no comprenda demasiado el tema, o a quien no haga suya la reivindicación, que estudie en su interior las razones para ello. ¿Qué lo amenaza de un mundo más igualitario? ¿De mujeres reclamando derechos? ¿De hombres empatizando con sus compañeras, con sus hermanas, madres, amigas, hijas?

Por mi parte, insistiré con esto del feminismo.

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Texto publicado originalmente el domingo 3 de abril de 2016 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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