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Hay una determinada responsabilidad que surge por el simple hecho de saber. Ya lo sabes, y ya no puedes quedarte sin hacer nada al respecto. El problema es cuando los asuntos que sabemos involucran a tantas partes. Ahí viene la queja, la descarga pública, la rabia compartida, y el problema parece diluirse más, en lugar de solucionarse.

Sencillamente, vivimos en una sociedad tremendamente compleja. Nuestras actividades rara vez se desarrollan hoy en un solo ámbito, y cumplimos una gran cantidad de roles en la sociedad, cada uno de los cuales viene con sus propias obligaciones y campos de acción. Entonces nos diluimos. El sociólogo Bauman hablaba del concepto de lo “líquido”, y sin duda líquido es un concepto útil en estos casos, porque nuestra presencia parece caber en muchos espacios distintos, y adoptar una gran variedad de formas, pero esta flexibilidad también nos quita forma y firmeza.

Lo que ocurre en Chiloé, por ejemplo. Donde nuevamente tenemos un “desastre natural” (como lo vivido en el norte con las lluvias el año pasado), que de natural tiene apenas una parte, y que sí tiene muchísimo de negligencia de servicios públicos, y de inescrupulosa actividad de explotación en la zona. Pero, ¿qué ocurrirá con eso?

A vista y paciencia de todo el mundo, lo más probable es que los responsables “arranquen pa’delante”, aliándose para el caso con gente buena para el lobby, como lo son varios famosos ex-revolucionarios, y eso termine posicionándolos mejor que al comienzo, en otros cargos importantes, en una extrema paradoja. Aquellos favores se pagan, y vamos armando un ciclo típico de corrupción normal en Chile. Aun cuando el daño está, y lo hemos visto todos. Ya lo sabemos, pero ¿qué haremos con lo que sabemos?

Por lo mismo, los llamados a organizarse me suenan cada vez más relevantes. De alguna forma, la rapidez de la población para movilizarse debe lograr ser mayor a la potencia desarticuladora de la institucionalidad básica. Porque las instituciones funcionan, pero con tantos intereses detrás de algunas de sus importantes cabezas el problema es para quién funcionan realmente.

¿Qué ocurre cuando sabemos? Ya no podemos dar vuelta atrás. Debemos denunciar, quejarnos, y conversar acerca de ello con nuestros cercanos, colaborar con los que tenemos cerca y en ese camino darnos cuenta de que realmente nos importa y tenemos en común más de lo que pensábamos.

Que nuestra determinación y capacidad de reunirnos sea más ágil que la potencia desarticuladora del exceso de información en el que vivimos inmersos. Porque ya sabemos demasiado.


Texto publicado originalmente del domingo 8 de mayo de 2016 en El Magallanes/La Prensa Austral.

Cuadro: Nora Nieto del Canto.

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