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En Chile somos buenos para las copias baratas. No al estilo de los chinos, precisamente. Hacemos algo muy diferente: Nos encargamos de comprender mal el concepto, copiar parte de la apariencia, y dejar totalmente fuera el espíritu. Sin mencionar que nos sentimos muy orgullosos de esto.

Lo interesante es la paradoja que hacer esto es parte del devaluado estilo de hacer las cosas “a la chilena” –o siendo más fieles al espíritu de este argumento: “the Chilean way”-, toda vez que eso significa que la copia ni siquiera se adapta a la realidad chilena, lo suficiente como para que al menos funcione por ese lado a la chilena. En fin…

Cuestión, que nuestro modo de adoptar una copia triste del estilo de vida del fracasado Sueño Americano, nos obliga a vivir en una sociedad bastante particular, en donde la desigualdad es exacerbada, al menos en parte porque la lógica del self-made man y el “esfuerzo personal” truncan la de una seguridad social mínima, entonces nuestro piso es bajo e inseguro. Eso, Chilean way mediante, se combina con una sociedad tremendamente conservadora y tradicionalista en términos de estructura de oportunidades: Chile, país donde tu apellido y a qué colegio fuiste, son pilares de tu currículum. Entonces, el techo es rotundamente marcado y seguro, pero de una variabilidad enorme, de acuerdo a variables que precisamente tienen poco o nada que ver con el esfuerzo personal.

El resultado es miserable y patético, y francamente me avergüenza. Clasismo, arribismo, peligroso vínculo entre el poder económico , el político y el cultural, inestabilidad laboral, precios altos y salarios bajos, publicidad y medios que representan a un público muy privilegiado y limitado, pero que brindan a todos imágenes tan imposibles como aparentemente necesarias.

Uno de los subefectos culturales de esta situación es que en pleno 2016 veo muchos jóvenes declarando implícita o explícitamente el sueño de ser millonarios. Parecido a lo que ocurre en Estados Unidos, por ejemplo, aun hoy, pese a…todo. En Estados Unidos la mayoría de estos jóvenes se embarcan en este sueño con el aliento de mentiras recurrentes. En Chile, ni para esas mentiras nos da. Acá es la publicidad alienante, son los sueños rotos de nuestros padres y abuelos, es toda la realidad social que dice día a día que el que tiene “lucas” puede hacer lo que quiera, mientras que si tu bolsillo no aguanta, no puedes hacer nada.

¿A quién no le han faltado lucas? No voy a decir “que levante la mano”, porque nunca entendí ese error de instrucción en la canción de Américo… ¿no era la idea tener a todos levantando las manos? Pero, volviendo al tema, me resulta muy triste esto. Para cualquiera está bueno tener tranquilidad económica. Pero ver a tantos jóvenes inmersos en el sueño del “bling”; utilizando la imagen del lobo de Wall Street, un tipo que a todas luces era un desquiciado caricaturezco, me resulta triste y preocupante. Que nuestros gobernantes copien los aspectos deficientes de las malas ideas es una cosa, pero que una parte significativa del futuro del país tenga ya completamente comprada la fantasía individualista y miope del “éxito” personal, hace flaquear mis esperanzas.

La verdad de las cosas, yo no estoy ni ahí con ser millonario.


Texto publicado originalmente el domingo 17 de julio de 2016 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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