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Nori8

Yo calculo que, a la larga, me convence esto de la reencarnación. Confieso que hay mucho de simples ganas de creer, detrás de ello. Sin embargo, como soy bastante parecido a esos que suelen llamar ateos, prefiero conseguir maquinaria pesada, en caso de que la fe no consiga finalmente mover montañas. Me gusta lo concreto. Disfruto del supuesto imperativo de que la vida es una sola.

Luego, trato de tener el valor de obrar en función de aquello. Y así, un día empecé a ofrecer mi trabajo como mecánico de motos. Por la simple razón de que, luego de hacerle el quite a la idea durante la mayor parte de mi vida, rechazándola por razones de lo más diversas, grandes y también intrascendentes, tuve el valor de recordar que siempre me ha gustado.

Claro, a muchos niños les gusta jugar con autitos, y no necesariamente se relaciona su vocación con los vehículos de cuatro ruedas. Es cierto. Pero es que para mí es darme cuenta de que detrás de toda mi forma de afrontar la vida, mi curiosidad y mi inagotable copuchentismo por saber cómo funcionan las cosas, está el principio de la mecánica. Que sea de motos es una circunstancia –no menor-, toda vez que llevo también buena parte de mi vida conviviendo con ellas.

Cada uno querrá extenderse latamente respecto a los detalles y tribulaciones de su vocación. Pero obviamente no vengo a hablar de mecánica, ni de motos, sino sencillamente de atreverse a recordar qué es lo que pasa por nuestro genuino interés, por nuestras atracciones más fundamentales, en ese estadio que antecede a la educación social. Ese estadio, me refiero, puede ser una edad –lo que nos gustaba de niños, antes de la domesticación y destrucción de la voluntad que significa la escuela moderna; perdonen lo drástico-, o puede ser sencillamente un estado de consciencia con el que tenemos contacto a veces, en afortunadas ocasiones.

Identificarlo es difícil. Pero una vez sabido, ¿cómo no hacerlo?

Yo sé que suena cliché. Pero es un cliché por algo. Es una verdad antigua: todo estaría bastante mejor en nuestra sociedad, si cada uno hiciera lo que realmente siente que vino a hacer a este mundo.

A veces, no hace falta dedicarse a ello como un neg-ocio. A veces, basta con darse el permiso para disfrutar de ello en tiempos de ocio. Porque la pasión es edificante, sea como se viva. La pasión, el interés genuino, el disfrute. Todo lo que se relaciona con nuestra verdadera voluntad.

Hay que buscar la forma, hay que ser pragmático, pensar en el camino. Pero que no pase un puto día más sin acercarse a lo que realmente queremos de esta vida. Ni uno más.

Donde hay verdadera voluntad, surgirá la forma.


Texto publicado originalmente el domingo 14 de agosto de 2016 en El Magallanes/La Prensa Austral.

Cuadro: Nora Nieto del Canto

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