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A mí todo esto del 18 siempre me hace algo de ruido. Ya lo he dicho antes, es tan singular cómo opera este festival de varios días de embriaguez y cadáver asado para meter nuestras insatisfacciones sociales y diferencias bajo la alfombra. Todo, curiosamente, a través de una exacerbada “chilenidad”; sentimiento que toma un cariz bastante específico, por cierto, y que no resulta demasiado representativo ni siquiera de la cotidianeidad santiaguina –centro de todo-, ni mucho menos de otras realidades culturales de este largo paisaje.

Digamos, yo quería por último llevar al Ignacio vestido de “magallánico” al jardín, pero me dicen que simplemente parecerá demasiado abrigado para la época…

En línea con el recuerdo repentino de “nuestras tradiciones”, ha estado ardiente el tema del rodeo, ¿no? Para mí es un tema de sentimientos encontrados. A mí no me gusta el rodeo; en parte porque afecta un poco mi injustamente impresionable sensibilidad, en parte sencillamente por una cuestión de no haber crecido cerca de estas costumbres. No me siento identificado.

Sin embargo, observando la relativamente baja incidencia de veganismo en el público, y en cambio la altísima penetración del antojo asadero –especialmente por estas fechas-, la crítica no me cuadra del todo. Por eso yo no hago una crítica directa, personalmente. Yo como carne, y de hecho la disfruto bastante. Prefiero la mayor parte del tiempo, cobardemente, mantener alejado de mi consciencia el proceso mediante el cual los animales se convierten en trozos de carne puesta en la parrilla. Pero esa es una cobardía imperdonable que me atormentará muy merecidamente mientras la sostenga.

He leído a defensores del rodeo, en cambio, que se encuentran en total paz con su consciencia. Porque para ellos los animales son res, son cosa, existen a disposición de la gente. Entonces los cuidan –en tanto pertenencias-, los crían y los comen. El rodeo es solo una expresión más de esta cadena de relacionamiento con el mundo animal. Hay cierta cruda honestidad en todo eso.

Y la honestidad algún valor tiene, aunque no me gusten sus resultados, tengo que admitirlo. Mi opinión acerca del rodeo tiene que ver con esto: sí, a mí tampoco me gusta. Desde luego que es una actividad ruda con los animales. Pero la cadena de maltrato animal es bastante más larga, y mientras sigamos comiendo cadáver producido industrialmente y tomando leche de vaca extraída a la fuerza, admitamos que ojos que no ven, corazón que no siente, y pronto nos olvidaremos nuevamente del tema.

Pero ya llegó el 18. Yuju, lunes feriado. Asados. Empanadas. Chicha y volantines. Patrones de fundo y “chinas”. Tiki tiki ti. Más chicha, más chicha. ¿Empanadas de pino con pasas? Piñera y Lagos de candidatos presidenciales, ¿¡qué mierda!?


Texto publicado originalmente el domingo 18 de septiembre de 2016 en El Magallanes/La Prensa Austral.

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