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La muñeca inflable del Asexma me habló; me dijo cosas que no puedo repetir, porque me da demasiada vergüenza ajena. Y no solo a mí.
A mí el asunto de la muñeca me resultó tan grotescamente violento que hasta me dio un poco de gusto verlo. Alejandra Suckel, una comentarista aguda y rabiosa que yo aprecio, decía no entender tanta polémica por la muñeca: “Estos son los weones que trabajan día a día para precarizar las condiciones laborales de la mujer, robar el fruto de nuestro trabajo y privatizar todas las mierdas para obtener ganancias y nos preocupa que saquen una muñeca inflable? En qué momento se trivializó tanto el nivel de la conversación?”. La cito textual porque le encuentro toda la razón en la crítica de fondo, y en la forma. Un esclavista amable, es un esclavista igual.
No obstante, la polémica es válida y necesaria. Me encanta que estemos discutiendo esto. En un gobierno gatopardista desde su constitución de principios más básica, que ocurra un espectáculo como éste, donde el ministro de economía designado por una mujer presidente reciba semejante regalo entre risas, es simplemente poético.
¿Dónde se perdió el respeto? El respeto nunca estuvo.
Hay referencias a la mala pega del asesor de imagen de Guillier. ¿Pero qué tan veloz podría ser un hombre, identificando y tratando de detener una situación tan, pero tan jocosa, posom?
Afortunadamente, ese nivel de reacción no existe, y podemos darnos el lujo de presenciar estos niveles de incorrectitud política sin censura.
Recapitulo: me da vergüenza ajena. Aparece en medios internacionales, and I cringe upon it, man. Pero la verdad nos hará libres; somos un país de pelotudos, machistas, asesinos de mujeres, donde la integridad política más alta a la cual aspirar tiene que ver con no decir nada demasiado grave ni que nadie destape algún escándalo nuestro tan duradero como para arruinar nuestra campaña durante período de elecciones.
Ahora bien, la polémica surge de la decepción y la desesperanza, porque en todo sistema comunicacional limitado, lo que tenemos a mano para juzgar a estos personajes públicos son imágenes. Hay que ser, pero mucho más que eso, hay que parecer, ¿no?
Y si lo que parecemos refleja en algún modo lo que somos…Si lo que parecemos, luego de los extensivos filtros de las buenas costumbres, la compostura y lo políticamente correcto, en momentos en los que queremos a toda costa caer bien, mejorar en las encuestas, y un largo etcétera. Si a lo que parecemos, le queda alguna pizca de lo que somos…
Empecemos a cambiar, porque esto somos.
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Texto publicado originalmente el domingo 18 de diciembre de 2016 en El Magallanes/La Prensa Austral.
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