Home

 

Cuestión que hay dos tipos de persona en este mundo: los que usan banano y los que no. De seguro la coherencia interna, homogeneidad e identidad de “clase” es más fuerte intragrupo, que juzgados los sujetos con otras variables aglutinantes, tales como sexo. Una verdadera dicotomía. Una mujer que usa banano se parecerá más a un hombre que usa banano, que a una mujer que no usa banano. ¿Qué implicancias tendría todo esto?

O, tal vez, la división esencial reside entre quienes gustan de mear las plantas, y quienes no gustan de mear las plantas. Tal vez, digo. En una de esas, por lo demás, el grupo de los que no les gusta mear las plantas se divide entre quienes realmente preferirían hacer cualquier cosa con una planta antes que mearla, o mear cualquier cosa que sea, antes que una planta; y quienes piensan que no les gustaría, debido a la fuerte carga ideológica del marco cultural en el que residen, pero bien en el fondo y si conectan con su verdadero sentir, saben por intuición y gracia de la naturaleza que no hay nada como mear las plantas. Solo les falta el empujoncito.

¿Qué mundo somos capaces de construir, si aquellas son variables esencialmente dicotómicas? Y a fin de cuentas no importa realmente que haya solo dos opciones, lo que importa es que hay una finita cantidad de opciones. Y ello determina todo en adelante.

Pero, así efectivamente vivimos. Enmarcando nuestra experiencia siempre en los límites que dictan nuestros preconceptos. Deconstruyendo con energía estas categorías, siempre llegaremos a lo arbitrario. Que es pariente de lo absurdo y lo gracioso.

Pienso que tal vez ni siquiera habría que ser tan radical, en nuestro ánimo de aceptación y diversidad. Por ejemplo, aceptando que hay preconceptos que guían en alguna medida nuestro devenir; explicitándolo ante nosotros mismos. Y, por otro lado, poniendo en juego esta carga, que nos guiará por lo cómodo y nos mostrará puertas más abiertas, a través de un concepto de “líndes”, en lugar de límites.

El límite es como una barrera dura, un muro alto. Hablamos de límites, para decir hasta donde existe una cosa. A partir de ella, esta cosa ya no es tal.

En el linde, en cambio, somos mucho menos estrictos. Otro pueblo, distinto al nuestro, pero a fin de cuentas un pueblo, viene a dialogar, en base a su cercanía geográfica. Y en ese mero dialogar, hay elementos del otro que me transforman, y viceversa. Ésta es la belleza del linde: lo gris.

Pensando en torno a los lindes, en lugar de límites, es como –creo- somos capaces de aprender de las experiencias concretas que vivimos en lo cotidiano. El encuentro genuino con el otro.

Traemos a cada encuentro los preconceptos construidos a lo largo de nuestra biografía, y podemos establecer consensos –¡y también disensos!- con los demás; no es una política forzada de “abrir la mente” a cualquier cosa. Pero sí estamos dispuestos a “ensuciar” nuestra visión del mundo preformada cuando nos cautiva lo que oímos allá afuera.

En tiempos tan obligada y afortunadamente interculturales como los que estamos viviendo en Chile, creo que cabe darle una vuelta a cómo nos relacionamos con el Otro, sin necesidad de dejar de ser “nosotros mismos”.


Texto publicado originalmente el domingo 22 de enero de 2017 en El Magallanes/La Prensa Austral.

Cuadro: Nora Nieto del Canto

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s