Home

Mi decepción no es con la incapacidad de los medios de comunicación de presentar la verdad. No es con una pretensión de objetividad que se haya roto. Ni siquiera con el nivel de investigación periodística. Es con las constantes exhibiciones de falta de ética y presencia de mala fe.

Es con el afán de ser los primeros en tirar mierda, sin siquiera conocer bien el caso. Es con el amarillismo. Ese impulso destructivo. Ese “sentido común” –en el mal sentido de la expresión- que a cualquier ciudadano puede asomársele al escuchar un rumor, y sencillamente repetirlo a todos sus amigos, motivado por la ignorancia, el resentimiento y el morbo, y posibilitado por una total irresponsabilidad.  En ese nivel, aunque sea, yo espero más de la prensa.

Detrás de cada empresa, emprendimiento o actividad humana hay esfuerzos, hay personas cumpliendo labores, hay expectativas, hay un duro camino que se construye día a día. La prensa pocas veces hace caso a las buenas noticias, a los logros, a la consecución de objetivos. En cambio, adora el “escándalo”. Hay programas de televisión dedicados exclusivamente al escándalo. Hay periodistas que han hecho carrera escandalizándose. El punto es que a veces es justificado, y a veces no es más que una tendencia comunicacional, una adicción a ser el dedo más rápido del Oeste en apuntar y culpabilizar.

En su función social, los medios de comunicación no operan con la verdad. No trabajan en condiciones de objetividad. No hay real problema con eso, si somos honestos, atentos y críticos al leer. Pero tampoco son un mero informativo, los medios no son sencillamente un “medio”, un intermediario entre un hecho y un observador. Son observadores que crean trozos de realidad. Son intensamente políticos. Son interventores. Formuladores de impresiones. Generadores de opinión. Fabricantes de material de discusión.

Su responsabilidad es enorme.

Todo va tan rápido, y mil noticias golpean la puerta para entrar, no hay tiempo de detenerse en una. No hay tiempo de pedir disculpas por lo publicado. No hay tiempo de corroborar los hechos, de buscar buenas fuentes. Solo hay tiempo de imprimir. De relacionar hechos que son inconexos para alguien que verdaderamente entiende. De sembrar dudas. De tirar un par de nombres que tal vez, en una de esas, bajo ciertas condiciones, presumiblemente.

Un titular es una enorme responsabilidad.

Y a la mayoría de ustedes, editores, el poncho les queda extremadamente grande.


Texto originalmente publicado el domingo 12 de febrero de 2017 en El Magallanes/La Prensa Austral.

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s